Hay directores que cuentan historias. Y después está Baz Luhrmann, que convierte cada historia en un estallido sensorial. Con EPiC, su mirada sobre la vida de Elvis Presley, no propone una biografía clásica sino una experiencia inmersiva que late al ritmo del rock. Luhrmann entiende que para hablar del Rey no se puede ser tibio. Todo es grande, intenso, desbordado.
El recorrido por sus comienzos en el sur profundo de Estados Unidos, la explosión mediática, el fenómeno femenino que desataba en cada presentación y los años de Las Vegas están narrados con un pulso eléctrico. Las escenas de conciertos son, sin dudas, el corazón del film: hay sudor, gritos, caderas que escandalizan y una sensación de estar presenciando algo irrepetible.
Pero detrás del brillo también asoma la maquinaria de la industria, el control férreo del Coronel y el peso de la fama. Luhrmann no edulcora del todo la caída, aunque nunca pierde la admiración por su protagonista.
EPiC es un homenaje vibrante que logra algo difícil: revivir en pantalla la potencia escénica de Elvis sin que parezca una postal antigua. Es cine espectáculo, es emoción y es la prueba de que el mito del Rey del Rock no pertenece al pasado: cada generación vuelve a descubrirlo, y esta película lo grita a todo volumen. Para disfrutarla de principio a fin.
