El documental que registra el regreso de los hermanos Gallagher convierte una pelea histórica, una gira monumental y millones de fanáticos en una emocionante historia sobre la música, la memoria y la reconciliación.
Durante años, la pregunta parecía imposible de responder: ¿volverían alguna vez Liam y Noel Gallagher a compartir un escenario?
Después de la explosiva separación de Oasis en 2009, los hermanos parecían destinados a continuar sus vidas por caminos completamente diferentes. Las peleas, las declaraciones cruzadas y una relación marcada por el enfrentamiento se convirtieron casi en parte de la leyenda de la banda. Por eso, cuando finalmente llegó la noticia de la reunión y la gira Oasis Live ’25, el regreso tuvo algo de acontecimiento histórico.
Oasis: Don’t Look Back in Anger parte justamente de ese conflicto. Pero lo interesante es que no se queda en el escándalo ni intenta convertir la película en una interminable explicación sobre quién tuvo la culpa. La pelea de los Gallagher es el punto de partida para contar algo mucho más grande: cómo una banda puede atravesar generaciones y cómo sus canciones pueden convertirse en parte de la vida de millones de personas.Y ahí está uno de los grandes aciertos de la película.No hace falta ser un fanático de Oasis para disfrutarla.
El documental funciona como una historia de rock, pero también como una historia humana. Porque mientras seguimos el reencuentro de Liam y Noel, también descubrimos qué significó Oasis para personas de distintos países, edades y culturas. En Argentina veras como un hincha de San Lorenzo convierte una de las canciones de oasis (wonderwall) en un cantico de cancha, es genial!
La gira se transforma entonces en un recorrido por el mundo. Cada ciudad aporta su propia identidad y la película consigue mostrar cómo una misma canción puede adquirir significados completamente diferentes según quién la escucha y dónde la escucha. Wonderwall, Live Forever, Champagne Supernova, Stop Crying Your Heart Out y, por supuesto, Don’t Look Back in Anger, dejan de ser simplemente canciones de una banda británica para convertirse en parte de la memoria colectiva de quienes las hicieron propias.
Los directores Will Lovelace y Dylan Southern —responsables también de trabajos vinculados al universo musical— utilizan material de archivo, imágenes de los ensayos, cámaras ocultas y un impresionante registro de los conciertos para meternos literalmente dentro de la gira. El primer ensayo conjunto, después de 15 años de separación, tiene una tensión especial: Liam aparece, se queja de la batería, canta y se va. Parece una escena mínima, pero funciona como una síntesis perfecta de la historia de estos dos hermanos.
Después llegan los estadios.Y ahí la película se vuelve enorme.
Hay algo hipnótico en observar a decenas de miles de personas cantando al mismo tiempo canciones que fueron escritas décadas atrás. El documental entiende que el verdadero fenómeno Oasis no está únicamente arriba del escenario. Está también abajo: en los padres que llevaron a sus hijos, en las nuevas generaciones que descubrieron las canciones durante los años en que la banda estuvo separada y en quienes esperaron 15 años para volver a escuchar a los Gallagher juntos.
Hay momentos especialmente conmovedores en los que Noel se muestra mucho más vulnerable de lo que suele permitir su personaje público. Es también una reflexión sobre crecer, envejecer y descubrir que algunas canciones permanecen intactas aunque nosotros ya no seamos los mismos.
Por supuesto, el documental tiene una mirada claramente favorable a Oasis. No pretende hacer una investigación periodística sobre la banda ni cuestiona demasiado algunos aspectos polémicos de la gira, como el precio de las entradas. Tampoco profundiza demasiado en las verdaderas razones que llevaron a los hermanos a permanecer enfrentados durante tantos años. Es una película oficial y eso se nota.
Pero justamente ahí está la decisión narrativa: no intenta resolver el pasado, sino mostrar qué sucede cuando finalmente los protagonistas deciden dejarlo atrás.
Y quizás por eso el título resulta tan apropiado.
Don’t Look Back in Anger no es solamente el nombre de una de las canciones más importantes de Oasis. Es casi una declaración de principios para esta nueva etapa de los Gallagher.
Una celebración musical, emotiva y visualmente potente. Imperdible para los fans y absolutamente recomendable para quienes simplemente aman el cine y la música.









