ANIMAL

¿Qué pasaría si por un rato dejáramos de pensar en cómo debemos comportarnos, en qué está bien mostrar y qué conviene esconder? “ANIMAL (Cruzá el límite)” propone justamente eso: soltar las ataduras, correrse de los preconceptos y permitir que aparezca esa parte más instintiva que tantas veces mantenemos bajo control.

La propuesta creada y dirigida por Mati Napp parte de algo que nos atraviesa a todos: para vivir en sociedad aprendemos a contener el deseo, domesticar la furia y esconder determinadas pulsiones. Animal toma todo aquello que reprimimos y lo lleva al cuerpo y al movimiento, en una experiencia de teatro físico e inmersivo en 360 grados.

Definitivamente ANIMAL no es una obra para mirar cómodamente desde una butaca y a la distancia. Acá el espectador forma parte de la experiencia. Intérpretes y público comparten un mismo espacio, las fronteras se vuelven difusas y el cuerpo pasa a ser el gran protagonista.

Alan Madanes se pone al frente de un elenco potente y se entrega física y actoralmente a una propuesta que necesita justamente eso: intérpretes dispuestos a exponerse, a jugar con la sensualidad, la furia, el deseo y aquello que normalmente permanece contenido. Lo acompañan Tamara Lucía Vecces, Julia Fontana, Federico Díaz, Daiana Chacon, Dylan Mazza y Matías Quiroga, seleccionados a partir de un casting de 500 postulantes.

Las coreografías tienen fuerza, sensualidad, energía y una intensidad que atraviesa toda la puesta. El movimiento no aparece simplemente como un elemento estético: es el lenguaje elegido para contar. Los cuerpos chocan, se buscan, se desafían, se liberan.

Y en medio de todo eso aparece otro elemento que suma muchísimo: la música en vivo de la violinista Ornella Restifa. El violín aporta una textura particular y se integra a una puesta en la que música, iluminación, movimiento y cercanía con los intérpretes construyen un clima provocador y por momentos visceral.

Los textos de Mariela Asensio acompañan ese universo, mientras que Paola Luttini, responsable de la dirección actoral y la producción general, aporta su experiencia en propuestas que se animan a correr los límites de lo convencional.

Pero Animal no busca solamente provocar. Detrás de la sensualidad y del despliegue físico hay una pregunta bastante más interesante: cuánto de nosotros mismos vamos domesticando para encajar.

Por eso me quedo con la sensación de que la obra funciona también como una invitación. Una invitación a mostrarte sin ataduras ni preconceptos, a dejar afuera por un rato el qué dirán, las formas y aquello que se supone que debemos ser. No hace falta explicar todo ni racionalizar cada sensación. A veces alcanza con dejar que el cuerpo hable.

Por un rato, sacá tu animal.

ANIMAL (Cruzá el límite) tiene una duración aproximada de 60 minutos y se presenta en DUMONT 4040, Santos Dumont 4040, Chacarita. La información actualmente publicada en Alternativa Teatral consigna funciones los viernes a las 22:30; la gacetilla original anunciaba viernes y sábados, por lo que conviene consultar las fechas vigentes antes de asistir.

ANNEMARIE: UNA JOYA DOCUMENTAL QUE PRESERVA LA MEMORIA A TRAVÉS DE LA MIRADA

Siento profundamente la necesidad de recomendar. Annemarie, el documental dirigido por Mariana Sanguinetti sobre su bisabuela, la extraordinaria fotógrafa Annemarie Heinrich. Porque cuando uno pronuncia este nombre y este apellido automaticamente se aparecen imagenes de personas que brillaron a traves de su lente.

Una verdadera joya. De esas películas invaluables que no hay que dejar pasar, mucho más si se ama la fotografía, el cine, la belleza y el buen gusto.

Después de su paso por el BAFICI, Annemarie llega a MALBA Cine para recuperar la figura de una mujer fundamental de la fotografía argentina. Heinrich retrató a buena parte de nuestra historia cultural: por delante de su cámara pasaron Eva Duarte, Tita Merello, Libertad Lamarque, Mirtha Legrand, Jorge Luis Borges, Pablo Neruda, Mercedes Sosa y Astor Piazzolla, entre muchísimas otras personalidades.

Pero reducir la película a una biografía sería quedarse solamente con una parte.

Mariana Sanguinetti se mete en el inmenso archivo de su bisabuela, recorre fotografías, negativos, recuerdos, documentos y testimonios familiares para intentar acercarse a esa mujer que conoció poco, pero cuya mirada estuvo presente en su vida mucho antes de decidir hacer esta película.

Y entonces sucede algo hermoso: mientras intenta reconstruir a Annemarie, inevitablemente comienza a reconstruir también a su propia familia. La película habla de fotografía, claro. Pero también habla de la memoria, los vínculos, la vejez, Buenos Aires, el paso del tiempo y de nuestra necesidad de conservar aquello que inevitablemente va desapareciendo.

Y ahí está, para mí, uno de sus grandes logros.

Porque cada fotografía deja de ser solamente una imagen bellísima para convertirse en un pedacito de una vida. ¿Qué queda de nosotros cuando pasa el tiempo? ¿Una fotografía? ¿Un recuerdo? ¿Una historia que alguien decide volver a contar?

La propia película se pregunta algo tan sencillo como enorme: ¿de qué está hecha una vida?

Y Annemarie intenta responderlo sin solemnidad, desde un lugar íntimo y profundamente afectivo. También es fascinante descubrir a la mujer detrás de aquellas fotografías. Heinrich llegó desde Alemania a la Argentina siendo adolescente y terminó convirtiéndose en una pionera en un momento en el que no era habitual encontrar mujeres detrás de una cámara. Una adelantada en su tiempo…. En los años 30 comenzó a construir una carrera que terminaría atravesando buena parte de la cultura argentina del siglo XX.

Su dominio de la luz, del claroscuro, de los cuerpos y, fundamentalmente, de los rostros resulta todavía hoy sorprendentemente moderno. Algunas de esas fotografías tienen décadas y, sin embargo, podrían haber sido realizadas ayer.

Eso también convierte al documental en un pequeño festín visual. Es imposible no detenerse en esos rostros, en esas luces perfectamente trabajadas, en el glamour y en una elegancia que parece pertenecer a otro tiempo.

Pero Sanguinetti tiene la inteligencia de no convertir la película en una simple galería de grandes fotografías.

A través de los testimonios de familiares, colegas, programas de television y figuras como Graciela Borges y Mirtha Legrand, aparece una Annemarie mucho más cercana. La artista, pero también la mujer; la profesional y la integrante de una familia; la figura pública y aquella persona que dejó detrás suyo una cantidad enorme de recuerdos que ahora alguien intenta ordenar antes de que el tiempo haga lo suyo.

Y quizás por eso Annemarie emociona.

Porque mientras estamos mirando la historia de una de las grandes fotógrafas argentinas, también estamos viendo a una bisnieta intentando acercarse a su bisabuela.

Mariana Sanguinetti no solamente recupera un archivo: recupera una presencia. Y nos recuerda algo que en tiempos en los que acumulamos miles de fotografías en un teléfono parece todavía más importante: guardar una imagen también es una manera de luchar contra el olvido.

Annemarie es delicada, íntima, elegante y profundamente amorosa.Una de esas grandes películas que merecen ser descubiertas. Y para quienes amamos la fotografía y disfrutamos de esa belleza que no necesita estridencias para llamar la atención, es sencillamente imperdible.

Cada vez que paso por Callao y Avellaneda miro y descubro fotos de esta mujer imposible de olvidar

ANNEMARIE
Dirección y guion: Mariana Sanguinetti.
Argentina, 2026. Duración: 75 minutos.
Con la participación de Annemarie Heinrich, Alicia Sanguinetti, Ricardo Sanguinetti, Dennis Connors, Úrsula Heinrich, Graciela Borges y Mirtha Legrand.

Estreno en MALBA Cine: viernes 9 de octubre a las 20. Funciones todos los viernes de octubre a las 20.

VERITY

Para quienes buscan suspenso psicológico, secretos familiares y una historia en la que nunca queda demasiado claro quién dice la verdad, Verity: La sombra de un engaño llega a los cines con un trío protagonista que, por sí solo, despierta curiosidad: Anne Hathaway, Dakota Johnson y Josh Hartnett. La película es la adaptación de la exitosa novela de Colleen Hoover, publicada originalmente en 2018, un libro que se convirtió en un verdadero fenómeno entre los lectores y que ahora da el salto a la pantalla grande.

Lowen Ashleigh (Dakota Johnson) es una escritora que atraviesa un momento complicado, tanto profesional como personalmente. Sus libros no han alcanzado el éxito esperado y todavía está atravesando el duelo por la muerte de su madre. Entonces aparece una oportunidad difícil de rechazar: continuar la obra de Verity Crawford (Anne Hathaway), una reconocida y exitosa escritora que, después de sufrir un grave accidente, permanece recluida en su casa y ya no puede terminar sus libros. Lowen se instala en la enorme y aislada propiedad de los Crawford para investigar el material de Verity y comenzar su trabajo como escritora fantasma. Pero entre papeles y documentos encuentra algo que no estaba buscando: unas inquietantes notas autobiográficas escritas por Verity, con confesiones relacionadas con su marido, Jeremy Crawford (Josh Hartnett), y con algunos de los episodios más oscuros de la familia.

A partir de ese momento empieza el verdadero juego de Verity.

¿Qué ocurrió realmente en esa casa? ¿Todo lo escrito por Verity es verdad? ¿Es una confesión, una construcción literaria o una forma de manipulación? Y mientras Lowen intenta encontrar respuestas, su relación con Jeremy comienza a atravesar un terreno cada vez más peligroso, donde también entran en juego la atracción, el deseo y la obsesión. La propia presentación oficial de la película resume ese universo como una permanente confusión entre realidad y ficción, manipulación y atracción, oportunidad y obsesión.

Uno de los ganchos de la pelicula es, sin dudarlo, su elenco. Anne Hathaway interpreta a Verity Crawford, pero el personaje aparece bajo dos caras muy diferentes: la mujer que encontramos después del accidente y aquella Verity glamorosa, vital y aparentemente perfecta que Lowen va conociendo a través de sus escritos y del pasado. Dakota Johnson, en cambio, es Lowen y funciona como los ojos del espectador dentro de esa inquietante mansión. Es ella quien va descubriendo secretos y tratando de comprender qué está sucediendo realmente. Y Josh Hartnett completa el triángulo como Jeremy, el marido de Verity, un hombre atravesado por las pérdidas de su familia y cuya relación con Lowen comienza a desdibujar todavía más los límites de la historia. La dirección está a cargo de Michael Showalter, responsable de The Idea of You, también protagonizada por Hathaway. Pero esta vez cambia completamente de registro para meterse en el terreno del thriller psicológico y erótico.

El propio Showalter reconoce entre sus influencias el cine de Alfred Hitchcock, Adrian Lyne y Brian De Palma, especialmente aquellos thrillers provocadores de los años 80 y 90. Incluso hay pequeños homenajes para los cinéfilos: el diseño de producción incluye referencias a Dressed to Kill, de Brian De Palma, y a Basic Instinct.

Otra de las «protagonistas» de la pelicula no es un ser humano sino una locacion: la mansión de los Crawford, pensada prácticamente como un personaje más. Una casa enorme, elegante, oscura y laberíntica que acompaña esa sensación de no saber exactamente qué es real y qué no.

Y para quienes leyeron el libro hay un dato interesante: la intención de la producción fue mantenerse bastante cerca del material original. Colleen Hoover participó además como productora y aseguró que, aun cuando fue necesario modificar o eliminar elementos, se buscó conservar el espíritu de su novela.

Verity: La sombra de un engaño parece apuntar a ese tipo de película que invita a salir del cine discutiendo teorías. De hecho, la propia Anne Hathaway adelantó que existen diferentes maneras de interpretar el desenlace, mientras Hoover destacó que buscaron conservar las preguntas y la ambigüedad que hicieron tan comentado el final del libro.

¿Será Verity quien dice ser? ¿Podemos confiar en Lowen? ¿Y cuánto de lo que descubrimos pertenece realmente a la verdad?

Verity: La sombra de un engaño se estrena en cines el 2 de octubre. Contame si la viste.

LOS OJOS DEL PERRO SIBERIANO : UN MUSICAL QUE EMOCIONA Y DEJA UN MENSAJE PARA REFLEXIONAR

Llevar al escenario una novela que marcó a varias generaciones no es sencillo. Mucho menos convertir en musical una historia atravesada por el VIH, los prejuicios, el miedo, la discriminación y los silencios familiares. Sin embargo, Los ojos del perro siberiano encuentra en el teatro y en la música una nueva manera de contar esta historia sin perder su sensibilidad ni la fuerza de su mensaje.

El reconocido bestseller de Antonio Santa Ana llega por primera vez al teatro en una adaptación de Nico Sorrivas y Martín Palladino, con dirección general de Nico Sorrivas y Ceci Miserere, y se presenta en el Teatro Politeama.

La historia nos lleva a comienzos de los años 90. Un joven regresa a los recuerdos de su infancia para intentar reconstruir el vínculo con su hermano mayor, Ezequiel, quien fue apartado de su familia después de ser diagnosticado con VIH. Son años en los que la enfermedad estaba rodeada de miedo, desconocimiento y enormes prejuicios. Y la obra se mete justamente allí: en aquello que una familia no puede —o no quiere— decir.

A través de los recuerdos vamos descubriendo a esos dos hermanos, sus diferencias, sus encuentros y el dolor provocado por una decisión familiar que deja heridas profundas. En medio de ellos aparece Sacha, el perro siberiano de Ezequiel, cuya mirada funciona como una presencia fundamental. Porque tal vez los ojos de Sacha pueden mirar sin juzgar aquello que los seres humanos observan cargados de prejuicios.

Ese concepto atraviesa toda la puesta y deja flotando una pregunta tan sencilla como potente: ¿cómo miramos cuando miramos?

El elenco logra sostener una historia que necesita mucha verdad. Alan Madanes interpreta al narrador, hijo menor ya adulto (solido), mientras Dante Barbera encarna al narrador durante su infancia (encantador) y Felipe Bou Abdo da vida a Ezequiel. Los acompañan Fabio Di Tomaso como el padre, Maqui Figueroa como la madre y Adriana Rolla como la abuela, junto a un sólido ensamble.

Las letras y la música original de Juan Pablo Schapira, también responsable de la dirección musical y vocal, acompañan con sensibilidad los diferentes momentos de la historia. Y tener a los músicos tocando en vivo le aporta una energía especial y una emoción todavía mayor. La banda está integrada por Schapira en piano, María Paz Boffi en bajo, Lucas Bergman en guitarra, Daniel Gilardi en batería y Juani Uzurru en violonchelo.

Las actuaciones consiguen que el espectador se involucre con ese universo familiar y comprenda que detrás de lo que no se dice también puede haber muchísimo dolor. Hay momentos conmovedores, pero la obra evita convertir el relato únicamente en tristeza. También aparecen el amor entre hermanos, los recuerdos, la ternura y la posibilidad de mirar al otro desde un lugar diferente.

La dirección de Nico Sorrivas y Ceci Miserere encuentra un equilibrio acertado entre actuación, canciones, movimiento y emoción. La puesta suma la escenografía de Micaela Sleigh, el diseño de iluminación de David Seldes, el vestuario de Analía Morales y Alejandra Farley, los títeres diseñados y realizados por Farley son espectaculares y la dirección coreográfica de Diego Bros.

Pero lo más importante de Los ojos del perro siberiano está en lo que deja después de la función.

Porque aunque la historia transcurra en los años 90 y retrate una época especialmente marcada por la desinformación alrededor del VIH, su mensaje sigue interpelando: habla de prejuicios, discriminación, vínculos familiares, aceptación y de cuánto daño puede provocar aquello que elegimos callar.

Es un musical que emociona, pero sobre todo invita a reflexionar. Sobre cómo tratamos a quien consideramos diferente, sobre las palabras que no pronunciamos a tiempo y sobre nuestra capacidad de mirar al otro sin juzgar.

Quizás por eso Sacha sea mucho más que el perro que acompaña a Ezequiel. Sus ojos representan esa mirada limpia que los seres humanos tantas veces perdemos.

Los ojos del perro siberiano demuestra que el teatro musical también puede abordar temas difíciles con profundidad, sensibilidad y belleza.

Vale la pena verla, emocionarse y, especialmente, salir del teatro pensando un poco distinto a como entramos.

Los ojos del perro siberiano se presenta los martes a las 20 en el Teatro Politeama, Paraná 353, con una duración aproximada de 90 minutos.

CURUZA

Marina Castillo vuelve a demostrar que el humor puede ser mucho más que una sucesión de chistes. En “Curuza, una historia a flor de piel”, su nuevo unipersonal, hace reír —y mucho—, pero también consigue emocionar y tocar lugares bastante más profundos.

Y algo me queda claro después de verla: Marina se supera con cada nuevo espectáculo. Hay crecimiento, madurez y una mayor seguridad para manejar los tiempos de la comedia, pero también para animarse a entrar en zonas sensibles sin perder nunca su identidad.

La protagonista es María, una mujer que vive literalmente “brotada”. Una alergia persistente se convierte en el punto de partida para preguntarse qué hay detrás de ese síntoma y cuánto de nuestra historia familiar puede terminar escrito en el cuerpo. La piel funciona entonces como cáscara, escudo y también como un mapa que guarda aquello que muchas veces no sabemos —o no podemos— poner en palabras.

En ese camino, María comienza a revisar su historia, sus vínculos y especialmente aquello que viene de las mujeres de su familia. Aparecen médicos, terapias, recuerdos, personajes insólitos y hasta las «harinas» (que genialidad) en una búsqueda tan disparatada como reconocible por encontrar una explicación —y, sobre todo, una cura— para aquello que le pasa.

Y ahí está uno de los puntos que quiero destacar de Curuza: hablar de traumas familiares, mandatos, culpas y heridas heredadas sin ponerse solemne. Ellla utiliza el humor como puerta de entrada y logra que situaciones que podrían resultar dolorosas se vuelvan cercanas, divertidas y profundamente humanas.

Marina está sola en escena, pero parece estar acompañada por un elenco entero. Construye distintos personajes, cambia registros y voces y se mueve entre ellos con una enorme naturalidad. Su timing para la comedia está cada vez más afinado y tiene algo fundamental para este tipo de propuestas: una conexión inmediata con el público. La obra despliega siete personajes interpretados por ella misma, confirmando además su enorme versatilidad.

Curuza es graciosa y, al mismo tiempo, entrañable. Uno se ríe de las situaciones, de los personajes y hasta de ciertas miserias cotidianas, pero lentamente descubre que debajo de todo eso hay una mujer tratando de entender de dónde viene, qué carga lleva encima y qué cosas necesita soltar.Esa combinación también aparece en la reacción del público: quienes ya la vimos sabemos que te va a hacer reír, pensar y emocionar casi al mismo tiempo.

La dramaturgia pertenece a Marina Castillo y Guido Zappacosta, con dirección de Guadalupe Bervih y la voz en off de Alicia Staif. La puesta acompaña sin quitarle protagonismo a lo esencial: el cuerpo, la gestualidad y la capacidad interpretativa de Castillo.

Después de verla en otros trabajos, siento que Marina Castillo encontró en Curuza un nuevo escalón como actriz y creadora. Conserva ese humor tan personal que la caracteriza, pero ahora se permite ir más lejos.

Seguramente cuando salgas del teatro te vas a encontrar pensando en tus propias marcas, en esas historias familiares que llevamos encima aunque nadie pueda verlas. Bravo Marina!

CURUZA – Una historia a flor de piel
Con Marina Castillo
Dramaturgia: Marina Castillo y Guido Zappacosta
Dirección: Guadalupe Bervih
📍 NÜN Teatro Bar – Juan Ramírez de Velasco 419, Villa Crespo, CABA
🗓️ Viernes – 20:30 hs
⏱️ Duración aproximada: 60 minutos
📅 Funciones anunciadas hasta el 27 de noviembre de 2026.

LO DEJAMOS ACÁ: DARÍN Y PERETTI, UNA DUPLA QUE FUNCIONA

Lo dejamos acá no busca convertirse en una película trascendental ni revolucionar el cine argentino. Y quizás ahí esté una de sus virtudes. Es entretenida, sin demasiadas pretensiones, pero con todos los condimentos necesarios para verla, pasarla bien y dejarse llevar por una historia que mezcla comedia, suspenso, psicología y una buena dosis de ironía.

Dirigida por Hernán Goldfrid y protagonizada por Ricardo Darín y Diego Peretti, la película parte de una idea tan sencilla como atractiva: ¿qué pasa cuando un terapeuta decide que escuchar a sus pacientes ya no es suficiente?

Darín interpreta a un prestigioso psicoanalista que comienza a perder la fe en los métodos tradicionales de su profesión. Convencido de que algunas personas necesitan algo más que hablar desde un diván, empieza a involucrarse en secreto en la vida de sus pacientes y a cruzar límites que un profesional jamás debería atravesar.

Y aparentemente funciona.

Hasta que aparece en su consultorio un escritor interpretado por Diego Peretti, un hombre con un importante bloqueo creativo y una complicada relación con el alcohol. Ese nuevo paciente terminará convirtiéndose en un desafío mucho mayor de lo esperado. A partir de ahí, la relación entre terapeuta y paciente empieza a cambiar y el juego se vuelve cada vez más imprevisible.

Pero si hay algo que sostiene especialmente a Lo dejamos acá es la química entre Darín y Peretti.

Los dos tienen tiempos actorales extraordinarios y acá se nota cuánto disfrutan del ida y vuelta. Hay complicidad, ironía, incomodidad y una especie de duelo permanente entre sus personajes. Por momentos uno parece tener el control y, unos minutos después, es el otro quien maneja la situación.

Darín se mueve con enorme comodidad en ese personaje inteligente, seguro de sí mismo y convencido de sus propias teorías, mientras que Peretti aprovecha esa mezcla tan particular que maneja entre fragilidad, humor, neurosis e imprevisibilidad.

Y cuando los dos están frente a frente, la película crece.

Gran parte de la historia depende justamente de esos encuentros, de las conversaciones y de esa extraña relación que comienza siendo profesional y poco a poco se transforma en otra cosa. El guion es de Emanuel Diez, también guionista de El encargado, Nada y Coppola, el representante.

Hernán Goldfrid sabe perfectamente qué hacer con estos dos actores. No necesita sobrecargar la historia y apuesta por el ritmo, los diálogos y el suspenso. Su dirección consigue que una trama bastante pequeña vaya creciendo a partir de las situaciones y de los personajes, jugando también con algunos giros que es mejor no anticipar.

Goldfrid conoce además muy bien a sus protagonistas: dirigió a Darín en Tesis sobre un homicidio y a Peretti en Música en espera. Ese conocimiento parece jugar a favor de una puesta que les deja espacio para lucirse sin perder nunca el rumbo de la historia.

El elenco se completa con Antonia Bengoechea, Inés Efron, Andrea Politti, Pata Echegoyen, Carlos Santamaría y Miriam Odorico, entre otros. La película dura 97 minutos, otro punto a favor para una propuesta que encuentra en la agilidad uno de sus mejores aliados.

Lo dejamos acá no pretende dar una clase sobre psicoanálisis ni convertirse en un profundo tratado sobre la condición humana. Juega con ese universo, se ríe un poco de él, cruza algunos límites y construye desde allí una comedia con suspenso que funciona fundamentalmente por sus actores.

Es una película amable, entretenida y con dos protagonistas que saben perfectamente cómo potenciarse.

Darín y Peretti tienen química, Goldfrid sabe aprovecharla y la historia tiene los ingredientes suficientes para mantenernos interesados hasta el final.

A veces no hace falta mucho más.

Lo dejamos acá se estrena globalmente en Netflix el 16 de octubre, luego de haber tenido su premiere mundial en la 74ª edición del Festival Internacional de Cine de San Sebastián.

Mafalda Inmersiva: el universo de Quino sale del papel y llega a Buenos Aires

Mafalda está a punto de dar un salto de las páginas de las historietas a un mundo de imágenes, sonido, tecnología e interacción. El próximo 1° de octubre, el Centro Cultural Recoleta será escenario del estreno mundial de Mafalda Inmersiva, una experiencia que propone entrar literalmente al universo creado por Quino y recorrerlo desde adentro.

Las entradas ya se encuentran disponibles en preventa a través de Ticketek. La propuesta, desarrollada durante casi tres años, llegará a Buenos Aires como una producción de gran escala que, después de su temporada porteña, comenzará una gira internacional por Europa y Latinoamérica.

La experiencia ocupará 1.300 metros cuadrados distribuidos en 13 salas temáticas, con un recorrido de aproximadamente 60 minutos. Cada espacio propone una manera diferente de acercarse a Mafalda, sus amigos, sus preguntas, su humor y esa particular mirada de Quino sobre el mundo.

¿Y qué se va a encontrar el público? Video mapping de alta resolución, proyecciones 360° con sonido envolvente, realidad virtual multiusuario, pantallas táctiles interactivas, animaciones 2D, esculturas de los personajes en escala real, escenografías y música original forman parte de este recorrido multisensorial.

Uno de los puntos centrales del proyecto es que la tecnología no busca reemplazar el universo original, sino ampliarlo y hacerlo habitable. Las animaciones fueron desarrolladas respetando los dibujos y textos originales de Quino, para que las tiras cobren movimiento sin perder su identidad.

Además, la propuesta está pensada para distintas generaciones. Quienes crecieron leyendo Mafalda podrán reencontrarse con sus personajes desde una perspectiva completamente diferente, mientras que las nuevas generaciones tendrán la posibilidad de descubrirla a través de una experiencia más cercana a sus lenguajes. Los chicos también tendrán un espacio propio con juegos y un recorrido lúdico especialmente diseñado para ellos.

Mafalda, pero sin perder la esencia de Quino

Uno de los desafíos creativos del proyecto fue decidir cómo trasladar al lenguaje inmersivo una historieta cuya identidad está profundamente ligada a sus dibujos y a sus palabras.

Por eso, en Mafalda Inmersiva, los personajes continúan expresándose a través de sus clásicas burbujas de diálogo. Mafalda, Felipe, Susanita, Manolito y el resto de la pandilla conservan así una de las características más reconocibles de la historieta.

La identidad visual también tuvo un proceso particular. Damián Kirzner, director y productor general del proyecto, encontró durante una investigación por Europa una edición francesa de Mafalda cuyos colores habían sido aprobados por el propio Quino. Esa paleta se convirtió en una de las guías para construir el universo visual de la experiencia.

Detrás de la propuesta hay un equipo multidisciplinario integrado por artistas, diseñadores, realizadores audiovisuales, desarrolladores tecnológicos, escenógrafos, animadores y especialistas en experiencias inmersivas de Argentina, España e Inglaterra.

La producción cuenta además con la licencia exclusiva de los sucesores de Joaquín S. Lavado Tejón (Quino), quienes acompañaron el desarrollo del proyecto desde sus primeras etapas.

El proyecto fue reconocido con “Orillas Nuevas”, distinción otorgada por el Institut Français d’Argentine y la Embajada de Francia, vinculada con la industria inmersiva francesa y con la dimensión cultural internacional de la propuesta.

Mafalda Inmersiva estrena el 1° de octubre en el Centro Cultural Recoleta. Una oportunidad para volver a encontrarse con un personaje que atravesó generaciones y que, esta vez, propone algo diferente: dejar por un rato el libro, entrar en sus páginas y vivir el mundo de Mafalda desde adentro.

“Todo eso que leíste, vivilo”, es la invitación de esta nueva experiencia.

Open House Buenos Aires 2026: más de 150 lugares abren sus puertas para descubrir la ciudad desde adentro

El 3 y 4 de octubre regresa una nueva edición de Open House Buenos Aires, con acceso gratuito a casas privadas, edificios históricos, teatros, estadios, oficinas y espacios emblemáticos de la Ciudad que muchas veces solo conocemos desde afuera.

Buenos Aires guarda verdaderos tesoros detrás de sus fachadas y durante un fin de semana habrá una oportunidad especial para conocerlos. Open House Buenos Aires 2026 se realizará el sábado 3 y domingo 4 de octubre, con más de 150 espacios que abrirán sus puertas al público. En su gran mayoría podrán visitarse gratuitamente y sin inscripción previa.

Entre los lugares que formarán parte de esta edición aparecen Casa Calise II, el Edificio IBM y el Teatro Avenida, además de alrededor de 30 espacios que participan por primera vez, como el Estadio Nueva Chicago, el Hogar Obrero de Villa Ortúzar y Casa Mendoza. La incorporación de Mataderos, justamente a través del estadio de Nueva Chicago, es una de las novedades de este año.

La propuesta no está dirigida solamente a arquitectos o especialistas. La idea es que cualquier persona pueda recorrer edificios de valor arquitectónico, patrimonial y cultural, conocer sus historias y descubrir qué se esconde detrás de lugares por los que quizás pasa todos los días. También estarán incluidos el Estadio de Ferro Carril Oeste, el Edificio de Renta Bencich, el Edificio Editorial Perfil, la Reserva Lago Lugano, el Edificio Olazábal 1961 y distintas casas y PH, entre otros.

La mayoría de las visitas serán de acceso directo, aunque algunos espacios requerirán inscripción previa, que se habilito el miércoles 23 de septiembre a través de Eventbrite. Entre ellos estarán la Galería y Mirador Güemes, el ex Banco de Londres, el Planetario, el Palacio Barolo, la Torre Mirafiori y El Zanjón de Granados. Para todas las visitas será necesario presentar DNI.

Además de las aperturas, la edición 2026 sumará recorridos sugeridos por barrios y categorías, junto con propuestas como Camina Bs. As. y Open Bici, que invitan a descubrir Buenos Aires caminando o en bicicleta.

Open House Buenos Aires forma parte de Open House Worldwide, una red internacional presente en 55 ciudades como Londres, Madrid, Barcelona, Roma, Nueva York, Chicago, Ciudad de México y Santiago de Chile. Durante dos días, la invitación será sencilla y tentadora: mirar Buenos Aires con otros ojos y entrar, finalmente, a esos lugares que tantas veces vimos solamente desde afuera

Luis Zahera llega a la Argentina con “Chungo”, su exitoso unipersonal de humor

El reconocido actor español, ganador de dos Premios Goya y figura de películas y series como As Bestas, El Reino, Vivir sin permiso y Entrevías, desembarca en nuestro país con un espectáculo que muestra una faceta muy diferente: la del humor.

Acostumbrados a verlo interpretar personajes intensos, oscuros y muchas veces temibles, Luis Zahera cambia completamente de registro y llega a la Argentina con “Chungo”, el unipersonal con el que viene recorriendo con gran éxito los escenarios españoles.

Durante aproximadamente 90 minutos, el actor se presenta prácticamente sin filtros frente al público para contar anécdotas de su vida personal y profesional, reírse de sí mismo, improvisar y jugar con los espectadores. El propio Zahera termina convirtiéndose en protagonista —y también víctima— de muchas de sus historias.

La gira argentina tendrá una importante escala en Buenos Aires, donde ofrecerá nueve funciones en el Teatro Astral, los días 15, 16, 17, 22, 23, 24, 29, 30 y 31 de enero.

Además, “Chungo” llegará a Mar del Plata, con funciones el 18 y 25 de enero en el Teatro Neptuno; a Rosario, el 5 de febrero en el Teatro Astengo; y a Córdoba, el 7 de febrero en Espacio Quality.

La llegada del actor genera especial expectativa por la posibilidad de descubrirlo en un registro muy diferente al que lo hizo popular internacionalmente. Zahera ganó el Premio Goya como Mejor Actor de Reparto en 2019 por El Reino y nuevamente en 2023 por As Bestas, además de recibir numerosos reconocimientos a lo largo de su carrera.

Ahora deja por un rato los personajes de fuerte carácter y se sube solo al escenario para demostrar que detrás de uno de los rostros más reconocibles del cine y la televisión española también hay mucho humor.

Las entradas para las funciones de “Chungo” en Buenos Aires ya se encuentran a la venta a través de Plateanet.

LA RATONERA

Más de setenta años después de su estreno, La Ratonera demuestra que un buen policial no necesita efectos deslumbrantes ni grandes artificios para mantener al público atento. Necesita una buena historia, personajes que despierten sospechas y, sobre todo, un misterio capaz de hacernos cambiar de culpable varias veces a lo largo de la función.

Vi esta nueva versión en el Teatro Liceo y me encontré con una buena obra de teatro, de esas que invitan al espectador a jugar desde la platea tratando de descubrir quién miente, quién oculta algo y, por supuesto, quién es el asesino.

El clásico de Agatha Christie se estrenó en Londres en 1952 y se convirtió en un verdadero fenómeno: lleva más de siete décadas representándose en el West End y es considerada la obra de mayor permanencia en cartel de la historia. Al finalizar cada función se mantiene una tradición que forma parte de su leyenda: pedirle al público que no revele la identidad del culpable.

Y existe otro dato fascinante que me encanto y que contribuyó a preservar el misterio durante tantos años. Los derechos cinematográficos fueron vendidos en 1956, pero el contrato estableció que una película oficial recién podría realizarse seis meses después de que finalizara la temporada londinense. Como La Ratonera continúa en cartel, esa película NUNCA LLEGO.

Todo comienza en el hostal Monkswell, recientemente inaugurado por un joven matrimonio. Una fuerte nevada deja aislados a sus dueños y a un particular grupo de huéspedes que prácticamente no se conocen entre sí.

Mientras intentan acomodarse y convivir, llega la noticia de un asesinato ocurrido en Londres. Lo que en principio parece algo lejano comienza a acercarse peligrosamente cuando aparece un sargento de policía con una advertencia: el crimen podría estar relacionado con alguna de las personas que se encuentran dentro del hostal.

A partir de ese momento comienza el verdadero juego de Agatha Christie.

Todos parecen esconder algo. Cada gesto puede resultar sospechoso, aparecen contradicciones, secretos del pasado y falsas pistas. Cuando finalmente el crimen entra en la casa, cualquiera puede ser el asesino y cualquiera puede convertirse en la próxima víctima.

La dirección y versión de Manuel González Gil consigue darle agilidad a un texto escrito hace tantas décadas. El suspenso convive con momentos de humor y la historia avanza haciendo que el espectador participe mentalmente del juego. La escenografía de Lula Rojo es otro de los puntos fuertes: ese hostal rodeado por la nieve se transforma rápidamente en un espacio cerrado y asfixiante del que nadie puede escapar.

También funciona muy bien el elenco integrado por Carlos Belloso, Ludovico Di Santo, Romina Gaetani, Andrés Gil, Walter Quiroz, Carlos Santamaría y Malena Solda, con la participación especial de Betiana Blum.

Betiana Blum es uno de los grandes placeres de esta puesta. Con oficio, timing y esa capacidad que tiene para encontrar el humor incluso en un personaje incómodo, construye una señora crítica, entrometida y bastante insoportable que inmediatamente llama la atención cada vez que aparece en escena. No necesita exagerar para hacerse notar: su presencia alcanza.

Romina Gaetani también se destaca como una de las anfitrionas de Monkswell. Su personaje atraviesa diferentes estados a medida que la tranquilidad inicial se transforma en miedo y desconfianza, y Gaetani logra transmitir muy bien esa transformación.

Otro punto alto es Walter Quiroz, encargado de interpretar al sargento que llega para investigar el caso. Tiene sobre sus hombros buena parte del mecanismo policial de la obra: pregunta, observa, sospecha y obliga a cada personaje a mostrar un poco más de aquello que preferiría mantener escondido.

El resto del elenco acompaña con personajes muy diferentes entre sí y necesarios para alimentar permanentemente las sospechas. Belloso aporta su particular impronta; Malena Solda construye uno de los personajes más enigmáticos; y Ludovico Di Santo, Andrés Gil y Carlos Santamaría completan un grupo muy parejo que permite que el juego funcione.

Tal vez ahí esté una de las razones por las que La Ratonera sobrevivió durante más de siete décadas. La propuesta es sencilla pero tremendamente efectiva: encerrarnos durante un rato junto a un grupo de desconocidos y hacernos desconfiar de todos.

Y aunque hoy vivimos rodeados de series policiales, thrillers y crímenes que se resuelven en las plataformas, este clásico conserva algo especial: el misterio sucede delante nuestro y somos nosotros quienes intentamos resolverlo desde la butaca.

¿Descubrí quién era el culpable antes del final? Eso también forma parte del secreto.

Porque hay una regla que después de más de setenta años sigue vigente: quien entra a La Ratonera puede sospechar de todos, puede intentar resolver el crimen y puede sorprenderse con el desenlace. Lo único que no puede hacer al salir del teatro es contar quién lo hizo.

LA RATONERA
Teatro Liceo – Av. Rivadavia 1499, CABA.
Funciones: miércoles, jueves y viernes a las 20; sábados a las 19 y 21.30; domingos a las 19.
Duración aproximada: 100 minutos.
Dirección y versión: Manuel González Gil.
Música original: Martín Bianchedi.
Elenco: Carlos Belloso, Ludovico Di Santo, Romina Gaetani, Andrés Gil, Walter Quiroz, Carlos Santamaría y Malena Solda. Participación especial: Betiana Blum.
Producción: Faroni Producciones, Juan Manuel Caballé y Tomás Rottemberg.