BARREDA

Más de treinta años después, el caso Barreda sigue provocando preguntas. No solamente por la brutalidad del cuádruple femicidio cometido en 1992, sino también por la particular construcción mediática que convirtió durante años a Ricardo Barreda en una especie de personaje popular, mientras las cuatro mujeres asesinadas quedaban relegadas a un segundo plano.

Barreda, la nueva película dirigida por Daniela Goggi, llega a Prime Video con una decisión muy clara: contar esa historia desde otro lugar. La película reconstruye el crimen ocurrido en La Plata, pero evita convertirlo en un espectáculo de morbo y pone especial atención en las vidas y vínculos de las cuatro víctimas. Esa elección atraviesa toda la narración y le da a la propuesta una perspectiva diferente de otras ficciones inspiradas en casos policiales.

La película tiene como figura central a Luis Machín, que interpreta a Ricardo Barreda. El actor compone un personaje inquietante, contenido y de una frialdad que resulta mucho más perturbadora que cualquier exceso. Su trabajo es uno de los grandes puntos fuertes del film y permite reconstruir al hombre detrás de la figura que durante años ocupó titulares.

Pero el verdadero peso del relato está en el elenco femenino. Carla Peterson interpreta a Gladys Mac Donald, esposa de Barreda; Mercedes Morán encarna a Elena Arreche, su suegra; Maite Lanata es Cecilia Barreda, la hija mayor; y Margarita Páez interpreta a Adriana Barreda, la hija menor, en su debut cinematográfico.

Cada una consigue darle identidad propia a personajes que durante mucho tiempo fueron conocidos simplemente como “la esposa”, “la suegra” y “las hijas de Barreda”. En ese sentido, el film logra uno de sus objetivos más importantes: devolverles nombre, personalidad e historia.

Mercedes Morán sobresale particularmente en la construcción de Elena, una mujer cuya imagen pública quedó durante años atrapada en la caricatura de la suegra insoportable que justificaba, para algunos, la violencia posterior. La actriz le devuelve complejidad y humanidad. Peterson, por su parte, construye una Gladys sensible,sumisa y con matices, mientras Lanata y Páez aportan vitalidad y cercanía a Cecilia y Adriana.

Goggi evita además recrear el crimen desde el impacto fácil. La película se interesa más por aquello que lo rodeaba: la dinámica de esa familia, las relaciones de poder, el contexto social y la manera en que la sociedad argentina de los años 90 procesó el caso. La ambientación de época es otro de sus aciertos y ayuda a reconstruir no solamente una casa y una familia, sino también una Argentina atravesada por una mirada muy diferente sobre la violencia de género.

El guion, escrito por Daniela Goggi, Josefina Licitra, Tamara Talesnik, Juan Cavoti y Donna Tefa, combina la reconstrucción de los hechos con el proceso judicial (destaco la labor de Alberto Ajaka y Marcelo Subiotto como abogados de las victimas y de Barreda )y con testimonios que permiten imaginar las vidas que quedaron silenciadas (Paola Barrientos como Pirucha la amiga de Barreda es excelente).

Ahí aparece también una de las discusiones que plantea la película. Aunque busca correrse de la mirada del asesino, algunos análisis señalan que resulta difícil dejarlo completamente afuera porque el caso, por definición, sigue girando alrededor de su figura.

Una película fuerte, cuidada y, sobre todo, necesaria para volver a mirar aquella historia desde una perspectiva distinta. Porque esta vez la pregunta no es solamente qué hizo Barreda, sino quiénes eran las cuatro mujeres cuya historia quedó durante décadas detrás de su nombre.

SOLO POR UNA NOCHE

Una noche. Doce horas. Una ciudad enloquecida. Y dos personas que, entre encuentros, desencuentros y toda clase de situaciones inesperadas, quizás descubran que encontrar el amor puede ser bastante más complicado que simplemente encontrar con quién pasar la noche.

Solo por una noche (One Night Only) es la nueva comedia romántica dirigida por Will Gluck, realizador de Easy A, Amigos con beneficios y Con todos menos contigo. La película vuelve a apostar por uno de los géneros más clásicos de Hollywood, pero lo hace a partir de una premisa bastante particular: en un futuro cercano, un gobierno restrictivo prohibió las relaciones sexuales fuera del matrimonio, salvo durante una única noche al año en la que los solteros tienen permitido dejar de lado esa regla.

En ese contexto aparecen Owen, interpretado por Callum Turner, y Allie, a cargo de Monica Barbaro. Los dos llegan a esa noche con expectativas diferentes, pero coinciden en algo: detrás de la posibilidad de un encuentro pasajero buscan, en realidad, algo más.

El planteo le permite a la película combinar romance, humor y situaciones disparatadas mientras los protagonistas recorren Nueva York intentando encontrarse. La ciudad vuelve a funcionar como un personaje más, aunque la propuesta intenta alejarse de los escenarios más obvios para mostrar una Manhattan nocturna dinámica, colorida y especialmente atractiva.

El principal acierto está en sus protagonistas. Callum Turner y Monica Barbaro tienen química, carisma y una naturalidad que sostiene buena parte de la película. La relación entre Owen y Allie avanza a partir de pequeñas coincidencias, malentendidos y encuentros accidentales, y es allí donde Solo por una noche encuentra su mejor tono.

El humor tampoco busca reinventar el género. La película apuesta por la comedia de enredos, por algunas situaciones absurdas y por personajes secundarios que aparecen para complicar todavía más una noche que, desde el comienzo, estaba destinada a salir mal. Entre los nombres del elenco aparecen además Julia Fox, Molly Ringwald( si si la actriz de The Breakfast Club) , LeVar Burton y King Princess.

Solo por una noche es, una de esas películas ideales para quienes disfrutan de las comedias románticas clásicas, con protagonistas queribles, buenos momentos de humor, una ciudad que siempre suma encanto y una historia que busca, por encima de todo, entretener.

Y en tiempos en los que una buena comedia romántica parece casi un género en extinción, que una película simplemente consiga sacarnos una sonrisa, acompañarnos durante un rato y dejarnos con ganas de que esos dos personajes terminen juntos tampoco es poca cosa.

Ozuna vuelve a la Argentina: todos los detalles de su esperado show en Buenos Aires

Ozuna regresa a la Argentina para reencontrarse con sus fanáticos y celebrar más de una década de éxitos. El artista puertorriqueño se presentará el martes 8 de septiembre a las 21 horas en el Movistar Arena, en el marco de su nueva gira internacional, “Una Aventura World Tour”.

El tour toma su nombre de uno de sus lanzamientos más recientes y propone un recorrido por las distintas etapas de la carrera del cantante, combinando sus nuevas canciones con los grandes hits que lo convirtieron en una de las figuras más importantes de la música urbana latina.

Para el público argentino habrá clásicos infaltables como “Dile que tú me quieres”, “Se Preparó”, “Baila Baila Baila” y “Hey Mor”, además de las canciones de su etapa más reciente y una puesta en escena renovada.

Vuelve el «negrito de ojos claros» y se celebra, y se BAILA!

Con miles de millones de reproducciones y una trayectoria que incluye reconocimientos como los Billboard Latin Music Awards y Latin American Music Awards, Ozuna llega nuevamente a Buenos Aires para repasar una historia musical que ya lleva más de diez años y que continúa sumando nuevos capítulos.

El show será en el Movistar Arena, Humboldt 450, Villa Crespo, el 8 de septiembre a las 21. Las entradas se encuentran disponibles a través de la plataforma oficial del estadio.

LA PROFECIA DEL ALBERGUE

El misterio, el humor negro y el teatro musical se cruzan en una nueva propuesta que promete convertir al público en parte de un juego de sospechas. “La Profecía del Albergue”, un thriller musical con toques de comedia negra y absurdo, llegará a la cartelera porteña desde el jueves 10 de septiembre, con seis únicas funciones en la Sala Picasso del Paseo La Plaza.

Con producción de PHEPANDÚ, la obra está escrita y dirigida por Nicolás Manasseri y cuenta con Fernanda Provenzano en la creación musical y las coreografías. Se trata de una nueva apuesta de la dupla responsable de El Funeral de los Objetos, que vuelve a explorar una estética propia y un universo escénico atravesado por el humor, el absurdo y una particular mirada sobre el teatro musical.

La historia transcurre en un pequeño pueblo de la provincia de Santa Fe, donde un grupo de personas llega a un antiguo y misterioso albergue ubicado junto a un lago escondido. Lo que parecía ser una estadía más se transforma rápidamente en el escenario de una serie de acontecimientos extraños, absurdos y, por momentos, inquietantes.

Inspirada en el clásico género “Whodunnit?”, popularizado por las novelas de misterio y suspenso, la obra propone un juego al estilo “¿quién es el asesino?”, en el que nada es lo que parece y todos pueden convertirse en sospechosos. La particularidad está en que este universo de intriga se desarrolla desde el lenguaje del musical argentino, con humor negro, situaciones disparatadas y canciones que acompañan el avance de la trama.

El elenco está integrado por Renzo Morelli, Fernanda Provenzano, Nicolás Manasseri, Manuela Perín, Eugenia Fernández y Matías Acosta, quienes interpretan a seis personajes que quedan atrapados en este peculiar albergue.

Uno de los atractivos principales de la puesta será la música en vivo, con una banda integrada por piano, violoncello, batería y percusión, bajo la dirección musical de Facundo Cicciu. La música tendrá un rol fundamental no solamente como acompañamiento sino también como parte del clima de misterio y suspenso que propone la historia.

“Un thriller musical, seis sospechosos, una profecía y un asesino entre nosotros” es la premisa que propone el espectáculo, que también deja flotando dos preguntas: ¿acaso el arte del engaño es un arte? ¿Acaso el arte es un engaño?

Las funciones serán desde el jueves 10 de septiembre en la Sala Picasso del Paseo La Plaza, Av. Corrientes 1660, CABA. Las entradas se encuentran a la venta a través de Plateanet.

AMANECE DE NOCHE

“Amanece de noche” se mete de lleno en el territorio de los vínculos familiares: los amores, los secretos, los reproches, las culpas y todo aquello que durante años permanece guardado hasta que llega el momento en que ya no se puede seguir callando.

Escrita por Mechi Bove y dirigida por Pedro Velázquez, la obra reúne a cuatro hermanas en la casa familiar para tomar una decisión que tiene que ver con el futuro de su padre, quien atraviesa un deterioro cognitivo luego de un accidente. Pero la llegada inesperada de una media hermana modifica por completo ese encuentro y hace que aparezcan viejas heridas que estaban lejos de cicatrizar.

Y ahí está uno de los grandes aciertos del texto de Bove: no se queda solamente en la enfermedad del padre. La situación funciona como disparador para hablar de algo mucho más amplio: qué hacemos con nuestros padres cuando los roles empiezan a invertirse, qué lugar ocupa cada hijo dentro de una familia y cuánto de aquello que somos está determinado por la historia que compartimos.

Hay algo muy verdadero en esas cuatro hermanas. Son diferentes, tienen sus propias personalidades, sus problemas y sus maneras de enfrentarse a la vida, pero comparten códigos, recuerdos y heridas. Se quieren, se pelean, se necesitan y también se juzgan. Esa mezcla de amor y resentimiento está muy bien trabajada y permite que el espectador encuentre seguramente algún eco de su propia familia.

Mechi Bove, además de ser la autora, integra el elenco junto a Sheila Saslavsky, Sonia Alemán, Julieta Presutto y Rolo Sosiuk. El trabajo actoral es uno de los puntos fuertes de la puesta: cada personaje tiene su identidad y las diferencias entre ellos enriquecen los enfrentamientos y también los momentos de mayor ternura.

Dentro de un elenco muy parejo, Sonia Alemán se destaca especialmente. Su personaje tiene características que podrían llevar fácilmente a la exageración, pero Alemán encuentra una medida muy precisa y construye una mujer llena de matices. Hay mucho detrás de sus gestos, sus silencios y sus reacciones, y eso hace que su interpretación resulte especialmente conmovedora. También Rolo Sosiuk aporta una presencia muy particular como ese padre alrededor del cual gira buena parte del conflicto.

La dirección de Pedro Velázquez acompaña el texto sin subrayarlo innecesariamente. Hay espacio para el drama, pero también para el humor, algo fundamental para que la obra no se convierta en un relato excesivamente solemne. Las risas aparecen justamente en medio de situaciones dolorosas y hacen que los personajes se sientan todavía más cercanos.

Otro gran acierto es la escenografía de Pablo Calmet. El patio de esa casa familiar, con la hamaca, la vieja calesita, la bomba de agua y otros objetos cotidianos, tiene algo de fotografía de la infancia. Es un espacio que parece guardar los recuerdos de quienes alguna vez fueron niños allí y que ahora regresan convertidos en adultos, cargados de problemas y decisiones.

Y la música de Jorge Soldera suma una sensibilidad especial. Hay momentos musicales que funcionan casi como un refugio dentro de tanta tensión familiar. Una escena en particular, en la que las hermanas comienzan a cantar juntas, tiene una enorme capacidad de emocionar porque consigue mostrar, en pocos minutos, ese vínculo que las une a pesar de todas sus diferencias.

“Amanece de noche” habla también del perdón. De la posibilidad de revisar aquello que nos dolió para intentar construir un vínculo diferente. No plantea soluciones mágicas ni pretende decir que las heridas familiares desaparecen de un día para el otro. Más bien propone algo mucho más humano: quizás podamos empezar a mirarnos de otra manera.

El título tiene además una hermosa dimensión simbólica. Durante esa noche, los personajes sacan a la luz aquello que permanecía oculto. Y cuando finalmente llega el amanecer, queda abierta la posibilidad de que algo pueda empezar nuevamente.

Una obra sensible, cercana y honesta, que encuentra en los vínculos familiares un territorio dramático potente, pero también lleno de humor y ternura. De esas propuestas que pueden hacer reír en una escena y, unos minutos después, dejar al espectador en silencio pensando en su propia historia.

“Amanece de noche” se presenta en el Teatro El Extranjero, Valentín Gómez 3380, CABA, los domingos a las 17.30. Tiene una duración aproximada de 70 minutos.

CARRERA DE FONDO

¿Qué queda de una pareja cuando el amor ya no alcanza para sostenerla? Esa pregunta atraviesa de principio a fin a “Carrera de fondo”, una obra que se mete con una de las experiencias más dolorosas y, a la vez, más reconocibles de la vida adulta: una separación cuando todavía hay hijos, recuerdos, proyectos compartidos y una historia que no desaparece simplemente porque la relación terminó.

Basada en el libro de Nadine Lifschitz, la adaptación teatral tiene dramaturgia y dirección de Mariana Chaud, quien tomó la narración original —centrada en la mirada de ella— y decidió darle también voz al personaje masculino. El resultado es una especie de radiografía de una pareja que se enamoró, tuvo hijos y construyó una vida juntos hasta que una noche él propone abrir la relación. A partir de allí comienza el derrumbe.

Y si hay alguien que se adueña de esta historia es Julieta Zylberberg. Su trabajo es extraordinario. Su personaje atraviesa un verdadero terremoto emocional: es madre, mujer, amante, esposa, abandonada y, al mismo tiempo, alguien que intenta entender qué pasó con ese amor que alguna vez parecía indestructible.

Zylberberg tiene una capacidad enorme para pasar de la vulnerabilidad al humor, de la bronca a la sensualidad y de la desesperación a una cierta lucidez. Lo hace además con una enorme exigencia física: su personaje no solamente habla y recuerda, sino que vive la separación con todo el cuerpo.

A su lado, Gadiel Sztryk construye al hombre que también atraviesa su propia crisis. La obra no intenta establecer un culpable absoluto, sino mostrar las distintas maneras en que dos personas pueden dejar de encontrarse aun cuando alguna vez se amaron profundamente. Esa decisión de darle voz a él resulta fundamental para que el conflicto no quede contado desde una sola perspectiva.

El texto tiene humor, ironía y momentos de enorme crudeza. Las discusiones de pareja, esas conversaciones que parecen no terminar nunca y en las que se mezclan reproches, recuerdos y preguntas sin respuesta, adquieren una dinámica muy teatral.

“Carrera de fondo” se presenta en el Teatro Picadero, Pasaje Santos Discépolo 1857, CABA, con funciones los jueves a las 20 y los viernes a las 22. Tiene una duración aproximada de 65 minutos .

Una obra para quienes alguna vez amaron, para quienes alguna vez se separaron y, especialmente, para quienes descubrieron que terminar una relación no significa necesariamente terminar con todo lo vivido.

CIEN AÑOS DE SOLEDAD TEMPORADA FINAL

Muchos años no se animaron a hacerla y finalmente paso… Cien años de soledad es la novela que durante décadas pareció pertenecer exclusivamente al territorio de la imaginación de Gabriel García Márquez pero Netflix se animó al desafío y, después de dos partes y un capítulo final concebido casi como un largometraje, consigue cerrar el círculo de los Buendía con una producción monumental, profundamente colombiana y, sobre todo, respetuosa del espíritu de la obra original.

La segunda parte de Cien años de soledad, estrenada el 5 de agosto, cambia definitivamente el clima de Macondo. Si la primera entrega estaba atravesada por el nacimiento de un mundo, sus descubrimientos y sus guerras, estos nuevos episodios muestran las consecuencias del paso del tiempo: el progreso, la llegada del tren, la compañía bananera, las tragedias políticas y familiares, y una decadencia que parece inevitable. Compuesta por 7 capitulos de una hora promedio y un último episodio de una hora cuarenta de duracion que termina de darle sentido a todo el viaje.

Dirigido por Laura Mora, el Gran Final tiene una escala cinematográfica evidente. No se siente como un episodio más de una serie, sino como una película que toma todos los hilos que quedaron dispersos durante décadas de historia familiar y los conduce hacia un único destino. La propia directora (que estuvo en la presentacion del final en la proyeccion de prensa en la Sala Lugones del Teatro San Martin) explicó que la decisión de llevar este cierre a una dimensión casi de largometraje surgió durante la escritura y la preproducción, buscando que el desenlace estuviera a la altura de la ambición de la novela.

Aureliano Babilonia ocupa entonces el centro de una historia que siempre estuvo destinada a repetirse. Encerrado entre los secretos de la familia y los manuscritos de Melquíades, se convierte en la pieza fundamental para comprender aquello que durante generaciones parecía imposible de descifrar. La aparición de José Arcadio y el regreso de Amaranta Úrsula vuelven a poner en movimiento los mecanismos de una familia atrapada en sus propios errores, sus deseos y sus soledades.

El gran mérito del capítulo final es que no busca simplemente sorprender con el desenlace. Lo que hace es cerrar una profecía que estuvo presente desde el comienzo. Todo lo que vimos antes adquiere otra dimensión cuando las piezas finalmente encajan.

Sebastián Osorio como Aureliano Babilonia sostiene buena parte de ese tramo final con una interpretación contenida, mientras Estefanía Piñeres aporta intensidad y sensibilidad como Amaranta Úrsula. Emmanuel Restrepo compone a José Arcadio “el papa” y Margarita Rosa de Francisco aparece como una Fernanda del Carpio madura, cargada de años, silencios y heridas.

Pero si hay algo que atraviesa toda la serie y alcanza su máxima expresión en estos últimos episodios es la construcción de Macondo. La producción fue filmada íntegramente en Colombia, con el respaldo de la familia de García Márquez, y ese origen se percibe en cada paisaje, en cada espacio, en los vestuarios, en la fotografía y en una dirección de arte que consigue convertir un territorio literario en un lugar que parece haber existido siempre.

Macondo desaparece, pero antes de hacerlo deja una última revelación. Aureliano Babilonia comprende aquello que Melquíades había escrito mucho antes y la profecía termina de cumplirse. No hay una segunda oportunidad para los Buendía. No porque el destino sea necesariamente cruel, sino porque durante cien años ninguno de ellos consiguió escapar verdaderamente de la soledad.

La adaptación no pretende reemplazar al libro. Esa sería una batalla perdida. Lo que consigue es algo mucho más interesante: construir su propio Macondo y permitir que una nueva generación de espectadores conozca visualmente un universo que durante décadas vivió en la imaginación de millones de lectores.

Quizás el verdadero logro de esta adaptación no sea haber conseguido filmar lo imposible. Sea haber entendido que, para contar la historia de los Buendía, no alcanzaba con mostrar cien años de historia: había que hacer sentir el peso de la memoria, de los errores heredados y de esa soledad que atraviesa a cada generación.

Si la viste contame que te parecio

MISERY

“Misery” consigue algo que no es sencillo en teatro: mantener al espectador en estado de alerta. Sabemos que Paul Sheldon está atrapado, sabemos que Annie Wilkes es peligrosa, pero aun así cada escena genera la pregunta inevitable: ¿hasta dónde será capaz de llegar ella y cómo hará él para sobrevivir?

La adaptación argentina la hacen Daniel Botti y Manuel González Gil( quien también dirige esta versión) protagonizada por Julia Calvo y Juan Gil Navarro. La historia es conocida: Paul Sheldon, un escritor que acaba de sufrir un terrible accidente automovilístico, es rescatado por Annie Wilkes, una enfermera que se presenta como su admiradora número uno. Lo que parece un acto de salvación rápidamente se transforma en una situación de encierro, manipulación y terror.

Y ahí está el verdadero corazón de la obra: la obsesión. Annie no es simplemente una fan apasionada. Su admiración se transforma progresivamente en una necesidad de controlar al escritor, su obra y hasta su destino. Y ese cambio es uno de los elementos que Julia Calvo desarrolla con enorme potencia.

Calvo compone una Annie perturbadora, imprevisible, capaz de pasar de la dulzura a la violencia en cuestión de segundos. Hay algo casi desconcertante en su personaje porque nunca sabemos exactamente qué puede hacer a continuación. Y esa incertidumbre es fundamental para que el suspenso funcione.

Juan Gil Navarro, por su parte, tiene el enorme desafío de interpretar a un hombre prácticamente inmovilizado durante buena parte de la historia. Y lo resuelve poniendo el cuerpo de una manera notable: el dolor, el miedo, la desesperación y las estrategias que Paul va desarrollando para sobrevivir aparecen en cada gesto. Su personaje pasa de sentirse agradecido por haber sido rescatado a comprender que está atrapado y que su vida depende de su capacidad para enfrentarse psicológicamente con su captora.

Entre los dos se produce un verdadero duelo actoral. Y cuanto más avanza la historia, más se modifica la relación de poder entre ambos. Uno intenta recuperar su libertad; la otra está dispuesta a hacer prácticamente cualquier cosa para impedirlo.

La dirección de Manuel González Gil tiene el desafío de trasladar al teatro una historia que muchos conocemos por la película protagonizada por Kathy Bates y James Caan. Y lo interesante es que no intenta competir con el lenguaje cinematográfico: apuesta por los actores, por la tensión de la escena y por la imaginación del espectador. y lo logra y tiene un ingrediente mas…y no es un dato menor.

En ese sentido, la música de Martín Bianchedi resulta imprescindible. Es cierto que está utilizada con una intensidad importante y que por momentos suena muy fuerte, pero en esta puesta ese recurso termina jugando a favor del clima. La música subraya los momentos de mayor tensión, anticipa peligros y ayuda a construir esa sensación de que algo terrible está a punto de suceder. En una obra donde buena parte del suspenso depende de lo que el espectador imagina, ese acompañamiento sonoro tiene un peso enorme. La ficha de la puesta confirma a Bianchedi como responsable de la música y a Lula Rojo en la escenografía.

También hay que destacar cómo la obra logra generar situaciones de suspenso genuinas. El espectador conoce el peligro, pero no necesariamente sabe cuándo llegará ni cómo se desencadenará. Los silencios, los movimientos de Annie, las limitaciones físicas de Paul y esa convivencia forzada dentro de un espacio cerrado hacen que la tensión vaya creciendo escena tras escena.

Y quizás ese sea uno de los mayores atractivos de esta “Misery”: no necesita grandes despliegues para provocar incomodidad. Dos personajes, un espacio reducido y una relación de poder completamente desequilibrada alcanzan para generar una atmósfera opresiva.

“Misery” es,una obra para quienes disfrutan del suspenso, pero también para quienes quieren ver dos muy buenos actores enfrentados en un duelo psicológico que va creciendo en intensidad.

Y hay una buena noticia para quienes prefieren los horarios de la tarde: incorporaron una función los domingos a las 16.30, un horario excelente para disfrutar de teatro y todavía tener toda la tarde por delante. Actualmente las funciones son jueves, viernes y sábados a las 21.30 y domingos a las 16.30, en el Teatro Metropolitan, Av. Corrientes 1343, CABA. La duración es de aproximadamente 70 minutos.

POR EL PLACER DE VOLVER A VERLA

A veces volver al pasado no significa quedarse atrapado en él, sino animarse a mirarlo nuevamente para entender quiénes somos. “Por el placer de volver a verla” parte justamente de ese ejercicio de memoria para construir una obra sensible, divertida y profundamente emotiva, sostenida por dos actores que encuentran una química extraordinaria sobre el escenario: Miguel Ángel Solá y Mercedes Funes.

La pieza del canadiense Michel Tremblay, adaptada y dirigida por Manuel González Gil, propone un viaje por los recuerdos de un escritor que vuelve a encontrarse con su madre, una mujer que fue determinante en su vida, en su formación y en el descubrimiento de su vocación. Pero detrás de ese vínculo madre-hijo aparecen temas mucho más universales: la infancia, la crianza, los mandatos, la lectura, el teatro, las heridas familiares y, por encima de todo, el amor.

Solá tiene un dominio de la escena que resulta fascinante (no soy para nada original…) Su personaje atraviesa distintos momentos de su vida y el actor consigue transitarlos con una enorme sutileza. Pero hay algo más que se disfruta especialmente: su complicidad con el público. Solá sabe cuándo mirar, cuándo dejar un silencio, cuándo compartir una reflexión y cuándo permitir que una frase encuentre su efecto en la platea. Hay una cercanía que hace que, por momentos, parezca estar contándonos la historia personalmente.

Y si Solá deslumbra desde esa experiencia y ese manejo del escenario, Mercedes Funes sorprende con una composición de enorme riqueza. Su madre es expansiva, verborrágica, intensa, desbordada, por momentos casi caricaturesca, pero nunca queda reducida a un estereotipo. Funes construye cada etapa del personaje con precisión y encuentra debajo de sus exageraciones una mujer llena de contradicciones, de amor, de frustraciones y de una necesidad enorme de ser escuchada.

Es un trabajo exquisito y muy elaborado, de esos que permiten descubrir diferentes capas a medida que avanza la función. Funes tiene además una enorme capacidad para pasar del humor a la emoción sin que el cambio resulte forzado. La dupla funciona porque los contrastes entre ambos son enormes, pero también porque debajo de esas diferencias existe un vínculo indestructible.

La dirección de González Gil acompaña ese juego con precisión. No sobrecarga la puesta y permite que el centro sean los actores y la palabra. La escenografía de Lula Rojo, la iluminación de Matías Sendón y especialmente la música de Martín Bianchedi construyen un clima que potencia los recuerdos y le otorga a la historia una dimensión poética.

La obra tiene además una interesante particularidad: es teatro dentro del teatro. Ese escritor que intenta reconstruir su historia familiar frente al público termina convirtiendo sus recuerdos en una representación. Y en ese juego entre realidad, memoria y ficción aparece una de las preguntas más interesantes de la obra: cuánto de lo que recordamos es realmente lo que ocurrió y cuánto construimos con el paso del tiempo.

“Por el placer de volver a verla” habla de una madre y un hijo, pero también habla de todos. De esas personas que nos marcaron para siempre, de las palabras que quedaron pendientes, de las cosas que entendemos demasiado tarde y de ese amor que puede sobrevivir incluso a las diferencias más profundas.

“Por el placer de volver a verla” se presenta en la Sala Picasso del Paseo La Plaza, Av. Corrientes 1660, con funciones viernes a las 20, sábados a las 19.30 y domingos a las 19.15. La duración es de 90 minutos.

Una obra para reír, recordar y emocionarse. Porque a veces volver a mirar aquello que nos construyó también puede ser, simplemente, un placer. Super recomendada

NIDO DE LAGARTO

Salí de “Nido de lagarto” con los ojos llenos de lágrimas. Y no me pasa seguido. Hacía mucho tiempo que una obra de teatro no conseguía conmoverme de esa manera, al punto de quedarme pensando en sus personajes y en todo aquello que todavía podemos sentir cuando creemos que algunas etapas de la vida ya quedaron atrás.

Escrita y dirigida por Franco Verdoia, “Nido de lagarto” es una historia de amor, pero también es una historia sobre el paso del tiempo, los deseos postergados, las decisiones que tomamos y aquellas que quizás hubiéramos querido tomar de otra manera. En el centro están La Gloria y el Vasco, dos amantes que llevan más de cinco décadas encontrándose a escondidas. Y ahí aparece una de las grandes virtudes de la obra: hablar del amor, del deseo y de la sexualidad en la adultez mayor con absoluta naturalidad, sin prejuicios ni golpes bajos.

Porque Gloria y el Vasco no son personajes definidos solamente por su edad. Se desean, se pelean, se ríen, se recuerdan, se reprochan y siguen imaginando. Hay algo profundamente vital en ellos. Y eso es lo que Verdoia consigue poner sobre el escenario: la idea de que el amor no tiene edad y que el deseo tampoco debería tenerla.

La obra forma parte de la trilogía “Teatro Animal” de Verdoia, junto con Late el corazón de un perro y Matar a un elefante. Su dramaturgia vuelve a detenerse en los vínculos humanos, en aquello que muchas veces permanece escondido detrás de lo cotidiano y que, cuando finalmente aparece, puede resultar conmovedor.

La puesta también merece una mención especial. Ese particular hotel alojamiento en decadencia, con una cama inclinada cubierta de pasto y diferentes elementos que van desapareciendo, se convierte en una metáfora del paso del tiempo. El espacio parece envejecer junto con sus protagonistas y funciona como una especie de territorio de la memoria, donde pasado y presente se mezclan.

Y después están Silvina Sabater y Horacio Acosta, dos actores que sostienen la obra con enorme sensibilidad. La química entre ambos es fundamental. No necesitan grandes gestos para transmitir todo lo que existe entre Gloria y el Vasco: una mirada, un silencio, una discusión, una cercanía física dicen muchísimo. Hay ternura, humor, sensualidad y también una profunda tristeza en ese vínculo.

Sabater construye una Gloria llena de matices, mientras Acosta le aporta al Vasco una humanidad que conmueve. Los dos logran que el espectador crea en esa historia y, sobre todo, que se involucre emocionalmente con ellos.

Pero lo que queda después de ver “Nido de lagarto” es algo mucho más grande que la historia de estos dos amantes. La obra nos obliga a pensar en nuestras propias elecciones. En los amores que tuvimos, en los que dejamos pasar y en esas personas que quizás quedaron guardadas en algún rincón de la memoria.

¿Cuántas veces pensamos que ya es tarde para algo? ¿Y quién decidió que el amor, el deseo o las ganas de empezar nuevamente tienen fecha de vencimiento?

“Nido de lagarto” se anima a hacer esas preguntas sin discursos y desde la intimidad de dos personajes que todavía tienen mucho para decirse y para vivir.

Por eso me conmovió tanto. Porque debajo de una historia de amantes hay una reflexión sobre la vida, el tiempo y las oportunidades. Y porque el teatro, cuando funciona de verdad, no solamente nos cuenta una historia: nos hace sentirla en el cuerpo.

“Nido de lagarto” se presenta en el Teatro El Extranjero, Valentín Gómez 3378, CABA. Una propuesta para quienes buscan teatro de actores, una dramaturgia sensible y una historia que habla del amor en la adultez con una enorme humanidad.

Autor: Franco Verdoia. Dirección: Franco Verdoia. Intérpretes: Horacio Acosta, Silvina Sabater. Diseño de escenografía y vestuario: Cecilia Zuvialde. Diseño sonoro: Ian Shifres. Diseño de iluminación: Matías López Stordeur, Franco Verdoia. Teatro: El Extranjero (Valentín Gómez 3378). Funciones: lunes 20.30.Domingos 17hs  Duración: 65 minutos.

.