“Amanece de noche” se mete de lleno en el territorio de los vínculos familiares: los amores, los secretos, los reproches, las culpas y todo aquello que durante años permanece guardado hasta que llega el momento en que ya no se puede seguir callando.
Escrita por Mechi Bove y dirigida por Pedro Velázquez, la obra reúne a cuatro hermanas en la casa familiar para tomar una decisión que tiene que ver con el futuro de su padre, quien atraviesa un deterioro cognitivo luego de un accidente. Pero la llegada inesperada de una media hermana modifica por completo ese encuentro y hace que aparezcan viejas heridas que estaban lejos de cicatrizar.
Y ahí está uno de los grandes aciertos del texto de Bove: no se queda solamente en la enfermedad del padre. La situación funciona como disparador para hablar de algo mucho más amplio: qué hacemos con nuestros padres cuando los roles empiezan a invertirse, qué lugar ocupa cada hijo dentro de una familia y cuánto de aquello que somos está determinado por la historia que compartimos.
Hay algo muy verdadero en esas cuatro hermanas. Son diferentes, tienen sus propias personalidades, sus problemas y sus maneras de enfrentarse a la vida, pero comparten códigos, recuerdos y heridas. Se quieren, se pelean, se necesitan y también se juzgan. Esa mezcla de amor y resentimiento está muy bien trabajada y permite que el espectador encuentre seguramente algún eco de su propia familia.
Mechi Bove, además de ser la autora, integra el elenco junto a Sheila Saslavsky, Sonia Alemán, Julieta Presutto y Rolo Sosiuk. El trabajo actoral es uno de los puntos fuertes de la puesta: cada personaje tiene su identidad y las diferencias entre ellos enriquecen los enfrentamientos y también los momentos de mayor ternura.
Dentro de un elenco muy parejo, Sonia Alemán se destaca especialmente. Su personaje tiene características que podrían llevar fácilmente a la exageración, pero Alemán encuentra una medida muy precisa y construye una mujer llena de matices. Hay mucho detrás de sus gestos, sus silencios y sus reacciones, y eso hace que su interpretación resulte especialmente conmovedora. También Rolo Sosiuk aporta una presencia muy particular como ese padre alrededor del cual gira buena parte del conflicto.
La dirección de Pedro Velázquez acompaña el texto sin subrayarlo innecesariamente. Hay espacio para el drama, pero también para el humor, algo fundamental para que la obra no se convierta en un relato excesivamente solemne. Las risas aparecen justamente en medio de situaciones dolorosas y hacen que los personajes se sientan todavía más cercanos.
Otro gran acierto es la escenografía de Pablo Calmet. El patio de esa casa familiar, con la hamaca, la vieja calesita, la bomba de agua y otros objetos cotidianos, tiene algo de fotografía de la infancia. Es un espacio que parece guardar los recuerdos de quienes alguna vez fueron niños allí y que ahora regresan convertidos en adultos, cargados de problemas y decisiones.
Y la música de Jorge Soldera suma una sensibilidad especial. Hay momentos musicales que funcionan casi como un refugio dentro de tanta tensión familiar. Una escena en particular, en la que las hermanas comienzan a cantar juntas, tiene una enorme capacidad de emocionar porque consigue mostrar, en pocos minutos, ese vínculo que las une a pesar de todas sus diferencias.
“Amanece de noche” habla también del perdón. De la posibilidad de revisar aquello que nos dolió para intentar construir un vínculo diferente. No plantea soluciones mágicas ni pretende decir que las heridas familiares desaparecen de un día para el otro. Más bien propone algo mucho más humano: quizás podamos empezar a mirarnos de otra manera.
El título tiene además una hermosa dimensión simbólica. Durante esa noche, los personajes sacan a la luz aquello que permanecía oculto. Y cuando finalmente llega el amanecer, queda abierta la posibilidad de que algo pueda empezar nuevamente.
Una obra sensible, cercana y honesta, que encuentra en los vínculos familiares un territorio dramático potente, pero también lleno de humor y ternura. De esas propuestas que pueden hacer reír en una escena y, unos minutos después, dejar al espectador en silencio pensando en su propia historia.
“Amanece de noche” se presenta en el Teatro El Extranjero, Valentín Gómez 3380, CABA, los domingos a las 17.30. Tiene una duración aproximada de 70 minutos.










