Más de treinta años después, el caso Barreda sigue provocando preguntas. No solamente por la brutalidad del cuádruple femicidio cometido en 1992, sino también por la particular construcción mediática que convirtió durante años a Ricardo Barreda en una especie de personaje popular, mientras las cuatro mujeres asesinadas quedaban relegadas a un segundo plano.
Barreda, la nueva película dirigida por Daniela Goggi, llega a Prime Video con una decisión muy clara: contar esa historia desde otro lugar. La película reconstruye el crimen ocurrido en La Plata, pero evita convertirlo en un espectáculo de morbo y pone especial atención en las vidas y vínculos de las cuatro víctimas. Esa elección atraviesa toda la narración y le da a la propuesta una perspectiva diferente de otras ficciones inspiradas en casos policiales.
La película tiene como figura central a Luis Machín, que interpreta a Ricardo Barreda. El actor compone un personaje inquietante, contenido y de una frialdad que resulta mucho más perturbadora que cualquier exceso. Su trabajo es uno de los grandes puntos fuertes del film y permite reconstruir al hombre detrás de la figura que durante años ocupó titulares.
Pero el verdadero peso del relato está en el elenco femenino. Carla Peterson interpreta a Gladys Mac Donald, esposa de Barreda; Mercedes Morán encarna a Elena Arreche, su suegra; Maite Lanata es Cecilia Barreda, la hija mayor; y Margarita Páez interpreta a Adriana Barreda, la hija menor, en su debut cinematográfico.
Cada una consigue darle identidad propia a personajes que durante mucho tiempo fueron conocidos simplemente como “la esposa”, “la suegra” y “las hijas de Barreda”. En ese sentido, el film logra uno de sus objetivos más importantes: devolverles nombre, personalidad e historia.
Mercedes Morán sobresale particularmente en la construcción de Elena, una mujer cuya imagen pública quedó durante años atrapada en la caricatura de la suegra insoportable que justificaba, para algunos, la violencia posterior. La actriz le devuelve complejidad y humanidad. Peterson, por su parte, construye una Gladys sensible,sumisa y con matices, mientras Lanata y Páez aportan vitalidad y cercanía a Cecilia y Adriana.
Goggi evita además recrear el crimen desde el impacto fácil. La película se interesa más por aquello que lo rodeaba: la dinámica de esa familia, las relaciones de poder, el contexto social y la manera en que la sociedad argentina de los años 90 procesó el caso. La ambientación de época es otro de sus aciertos y ayuda a reconstruir no solamente una casa y una familia, sino también una Argentina atravesada por una mirada muy diferente sobre la violencia de género.
El guion, escrito por Daniela Goggi, Josefina Licitra, Tamara Talesnik, Juan Cavoti y Donna Tefa, combina la reconstrucción de los hechos con el proceso judicial (destaco la labor de Alberto Ajaka y Marcelo Subiotto como abogados de las victimas y de Barreda )y con testimonios que permiten imaginar las vidas que quedaron silenciadas (Paola Barrientos como Pirucha la amiga de Barreda es excelente).
Ahí aparece también una de las discusiones que plantea la película. Aunque busca correrse de la mirada del asesino, algunos análisis señalan que resulta difícil dejarlo completamente afuera porque el caso, por definición, sigue girando alrededor de su figura.
Una película fuerte, cuidada y, sobre todo, necesaria para volver a mirar aquella historia desde una perspectiva distinta. Porque esta vez la pregunta no es solamente qué hizo Barreda, sino quiénes eran las cuatro mujeres cuya historia quedó durante décadas detrás de su nombre.










