STOMP

No hacen falta grandes discursos, una orquesta ni instrumentos convencionales para construir un espectáculo de alto impacto. STOMP transforma tachos, escobas, bidones, cajas, caños y hasta objetos que forman parte de nuestra vida cotidiana, como los diarios, en instrumentos capaces de generar una verdadera fiesta sobre el escenario.

Después de 16 años, el fenómeno internacional volvió a Buenos Aires y lo hizo con una energía intacta. STOMP es precisión, humor, destreza y talento, pero también es una experiencia que se vive con el cuerpo: cada golpe, cada pisada y cada sonido repercute en la platea hasta conseguir que el público termine formando parte de ese gran concierto rítmico.

La propuesta creada por Luke Cresswell y Steve McNicholas sigue teniendo una enorme vigencia porque logró algo que no es sencillo: convertir lo cotidiano en extraordinario. Un tacho deja de ser un tacho, una escoba deja de ser una escoba y un simple golpe puede transformarse en una secuencia musical. Todo está pensado, medido y ejecutado con una precisión impresionante.

Y ahí aparece uno de los grandes secretos de STOMP: nada parece casual aunque todo parezca espontáneo. Los ocho intérpretes que están en escena funcionan como una maquinaria perfectamente aceitada. Se buscan, se desafían, se interrumpen, juegan y se responden a través del ritmo. Hay coreografía, teatro físico, percusión y muchísimo humor.

Pero también hay algo fundamental: talento. Porque detrás de cada golpe hay una enorme exigencia física y una coordinación que sorprende. Los cuerpos forman parte de la música y cada movimiento tiene una función dentro de una puesta que prácticamente no necesita palabras.

El espectáculo consigue además algo maravilloso: hacer vibrar a públicos de todas las edades. Los chicos se fascinan con los sonidos y los objetos; los adultos disfrutan de la precisión, el humor y la destreza de los artistas. Y todos terminan atrapados por ese ritmo contagioso que se apodera del Teatro Ópera.

La escenografía es un universo de objetos cotidianos dispuesto sobre el escenario que poco a poco cobra vida. Lo que podría parecer un depósito se transforma en una gigantesca caja de resonancia.

Y cuando el público responde, aplaude y acompaña el ritmo, queda claro que STOMP no es solamente un espectáculo para mirar. Es para escuchar, sentir y disfrutar.

Después de 16 años, el público argentino volvió a encontrarse con STOMP y la respuesta no podía ser otra: aplausos, entusiasmo y una sala completamente entregada al ritmo.

NO SE LO PIERDAN

STOMP

📍 Teatro Ópera, Av. Corrientes 860
📅 Hasta el 13 de septiembre de 2026
⏱️ Duración: aproximadamente 100 minutos.

Una fiesta de ritmo, humor y talento. Para ver y dejarse llevar.

UNA

¿Qué pasa cuando de pronto dejamos de reconocernos en la mirada de los demás? Esa es la pregunta que dispara Una, el unipersonal protagonizado magistralmente por Miriam Odorico, una obra que toma como punto de partida Uno, ninguno y cien mil, de Luigi Pirandello, y la transforma en un potente viaje sobre la identidad, la soledad y las distintas personas que podemos ser según quién nos mire.

Angélica Moscarda vive una existencia aparentemente conocida y ordenada hasta que un comentario aparentemente insignificante de su marido sobre su nariz provoca una grieta. A partir de allí comienza a preguntarse quién es realmente, cuánto de lo que cree ser está construido por los otros y qué queda cuando decide desprenderse de las etiquetas, los mandatos y las distintas versiones que los demás tienen de ella.

La propuesta de Giampaolo Samá, responsable de la dramaturgia y la dirección, tiene la inteligencia de no convertir esas preguntas filosóficas en un discurso pesado. Por el contrario, aparecen el humor, el absurdo, la emoción y también momentos de enorme tensión. La obra avanza entre esas diferentes capas de Angélica hasta convertir la identidad en un territorio cada vez más incierto.

Pero si hay una razón fundamental para ver Una, es Miriam Odorico.

La actriz se enfrenta al enorme desafío de construir un unipersonal en el que, prácticamente sin abandonar su silla y utilizando un único vestuario, consigue convertirse en diferentes personajes. Cambia la voz, el cuerpo, la mirada, la energía y hasta la manera de ocupar el espacio. Y lo hace con una precisión EXTRAORDINARIA.

Odorico no necesita grandes recursos escenográficos para llenar el escenario. Su cuerpo es la escenografía y su voz, el instrumento que permite que aparezcan todos los personajes que habitan a Angélica. Marido, suegra, cura, vecinos y distintas versiones de la propia protagonista aparecen frente al espectador a través de una actriz que demuestra un dominio absoluto de la escena.

No es casual que su trabajo haya recibido reconocimientos como el Premio María Guerrero a la Actuación Unipersonal y que la obra haya acumulado distintas distinciones durante sus temporadas anteriores.

Hay algo particularmente atractivo en Una: no pretende entregarnos una respuesta sobre quiénes somos. Hace algo bastante más interesante: nos deja la pregunta.

Porque todos somos, de alguna manera, una persona para nosotros mismos y otra para cada uno de los que nos rodean. La Angélica que vemos en escena intenta desprenderse de esas múltiples miradas para encontrar una verdad propia, aunque el camino hacia esa libertad tenga un precio.

Una silla, un vestuario y una iluminación alcanzan para construir todo un universo.

Una excelente oportunidad para reencontrarse con el enorme talento de Miriam Odorico en un trabajo de esos que justifican por sí solos una salida al teatro.

UNA
Dramaturgia y dirección: Giampaolo Samá
Actúa: Miriam Odorico
Vestuario: Julio Suárez
Diseño de luces: Giampaolo Samá
Duración: 70 minutos
Sábados a las 17.30 hs.
Almagna Teatro, Guardia Vieja 3783, CABA.

PEPITA LA PISTOLERA

Luisana Lopilato se mete en la piel de Margarita Di Tullio, la mujer que se convirtió en una de las figuras más controvertidas y recordadas de la noche marplatense, en Pepita, la pistolera, el regreso de Lucía Puenzo al cine y una película que encuentra en el thriller, el policial y el true crime distintas herramientas para contar una historia atravesada por la violencia, el poder y la supervivencia.

La película se sitúa en Mar del Plata, en 1985, y reconstruye un período de la vida de Margarita, una trabajadora sexual embarazada que intenta abrirse camino en un ambiente dominado por hombres, mafias, prostitución, corrupción policial y complicidades. A medida que avanza la historia, esa mujer que intenta defenderse y proteger a otras compañeras comienza a construir el personaje que terminará convirtiéndose en Pepita.

Uno de los grandes aciertos de la película es que no intenta convertir a Margarita en una heroína ni tampoco en una villana. Puenzo se mete en sus contradicciones y deja que el espectador vaya descubriendo sus decisiones, sus zonas oscuras y también las razones que la llevaron a convertirse en quien fue. Esa mirada sobre los claroscuros de la protagonista es uno de los aspectos que también destacaron varias de las críticas publicadas tras su estreno.

Y hay algo que le da a la película una identidad especial: haber sido filmada en Mar del Plata. La ciudad no funciona solamente como escenario. El puerto, las calles, la noche y ese paisaje marplatense de los años 80 construyen el universo en el que se mueve Margarita. El resultado es una reconstrucción de época convincente, que permite entrar en un mundo áspero y peligroso.

La gran sorpresa es Luisana Lopilato. No estamos viendo a la Luisana que conocemos de la televisión y de tantas películas: aparece una mujer más dura, vulnerable, calculadora, impulsiva y con una enorme capacidad para sobrevivir. Su trabajo sostiene la película y demuestra, una vez más, que Lopilato tiene mucho más para ofrecer como actriz de lo que muchas veces se le reconoce.

Lucía Puenzo vuelve a demostrar que sabe trabajar con personajes femeninos complejos. Después de películas como XXY, El niño pez y Wakolda, la directora encuentra en Pepita una figura ideal para regresar a la pantalla grande. Y lo hace sin bajar línea de manera evidente: cuenta, observa y deja espacio para que el espectador juzgue —o no— a su protagonista.

Pero otro de los puntos fuertes es el elenco. Claudio Tolcachir, Alberto Ajaka, Charo López, Marcelo Subiotto, Camila Peralta, Esteban Bigliardi y Gustavo Bassani acompañan a Lopilato con actuaciones sólidas y personajes que enriquecen ese universo. Particularmente interesantes son los vínculos entre las mujeres, las alianzas y las relaciones de poder que se van construyendo alrededor de Margarita.

La película además cambia de registro a medida que avanza. Comienza más contenida e introspectiva, después se transforma en un relato de negociaciones, poder y crimen, y finalmente se acerca decididamente al true crime. Esa mezcla de géneros puede generar algunos desniveles, algo señalado también por otras críticas, pero al mismo tiempo es lo que le permite a Puenzo escapar de la biopic convencional.

Una película para ver en el cine y descubrir a una mujer que tal vez no conocemos a traves de una LUisana diferente. Recomendada

“Principio de Éxtasis”: Borges llega al escenario del Teatro Colón de la mano de Julio Bocca

El Teatro Colón se prepara para un estreno mundial que reúne danza, literatura y música argentina. El próximo 10 de septiembre, el Ballet Estable presentará Principio de Éxtasis, una nueva creación inspirada en “El Aleph” de Jorge Luis Borges, con dirección y coreografía del español Goyo Montero.

Durante un desayuno de prensa, Julio Bocca, director artístico del Ballet Estable, destacó el origen de un proyecto que comenzó a gestarse hace varios años y que finalmente reúne a grandes artistas argentinos. La música original fue compuesta por Gustavo Santaolalla, mientras que la puesta cuenta con escenografía de Eduardo Basualdo, vestuario y diseño de Mariana Tirantte, iluminación de Nicolás Fischtel y voz en off de Ricardo Darín.

Montero, reconocido admirador de Borges desde su adolescencia, explicó que la obra no pretende ofrecer una interpretación definitiva de El Aleph, sino acercarse al universo del escritor desde una mirada personal. “Cada uno encuentre su propio Aleph”, señaló el coreógrafo.

La música tendrá un papel fundamental. Santaolalla aseguró sentirse especialmente identificado con el universo borgiano y trabajó sobre conceptos como el infinito, la memoria, los espejos, la repetición y lo circular, incorporando además una mirada particular sobre el tango.

Principio de Éxtasis propone así un encuentro entre uno de los grandes escritores argentinos y una compañía de ballet que busca proyectarse hacia nuevos lenguajes, con una creación especialmente concebida para el escenario del Colón.

Las funciones serán el 10, 11, 15, 16, 17, 18 y 19 de septiembre a las 20 horas, y el 13 y 20 de septiembre a las 17, en la Sala Principal del Teatro Colón.

EL MAGO DE OZ

“El Mago de Oz”atraviesa generacion sin perder su capacidad de sorprender. Esta nueva versión que llega al Teatro Nacional Cervantes consigue recuperar toda la magia del clásico de L. Frank Baum con una puesta de gran despliegue, música en vivo y un elenco que entiende que para contar un cuento también hay que jugar.

La adaptación de Marisé Monteiro, basada en El maravilloso Mago de Oz, encuentra en la dirección general de Sebastián Irigo una mirada que apuesta fuertemente a la fantasía, pero que también rescata algo esencial del relato: el valor de la amistad. Dorothy emprende su viaje buscando regresar a su casa y, en ese recorrido por el maravilloso mundo de Oz, se encuentra con tres compañeros que creen necesitar aquello que justamente van a descubrir que ya tienen dentro de ellos: inteligencia, corazón y valentía.

El Espantapájaros, el Hombre de Lata y el León son personajes que sienten que les falta algo para ser completos, pero es el camino compartido el que termina revelándoles sus propias fortalezas. Irigo pone el foco justamente allí: nadie salva a nadie por sí solo y el recorrido se vuelve mucho más rico cuando se comparte.

En ese viaje, Albana Fuentes construye una Dorothy de enorme carisma. Tiene la inocencia necesaria para el personaje, pero también la energía y la determinación que necesita una protagonista que atraviesa un mundo desconocido. Su conexión con el público es inmediata y sostiene muy bien el centro de la historia. La versatilidad en esta gran actriz es brillante.

A su lado, Leo Trento como Espantapájaros, Emiliano Larea como Hombre de Lata y Claudio Martínez Bel como León forman un trío que da placer verlos. Cada uno encuentra una identidad propia y, juntos, generan buena parte del humor y de la ternura de la obra. El Espantapájaros aporta frescura y expresividad; el Hombre de Lata combina humor y sensibilidad, mientras que el León resulta especialmente entrañable.

También merece destacarse Vanesa Butera, que interpreta tanto a la Bruja Buena del Norte como a la Bruja Mala del Oeste. El desafío de diferenciar dos personajes tan opuestos está muy bien resuelto , chapeu Vanesa!

Y si hay algo que distingue particularmente a esta producción es la música en vivo. La presencia de una orquesta integrada por seis músicos le aporta otra dimensión al espectáculo. Las composiciones de Ángel Mahler y Martín Bianchedi, con arreglos y dirección musical de Damián Mahler, no funcionan simplemente como acompañamiento: forman parte del relato y ayudan a construir el universo fantástico de Oz.

Las coreografías de Vanesa García Millán aportan movimiento y ritmo a una puesta que necesita sostener permanentemente la atención de los chicos, pero que también tiene elementos para disfrutar desde la mirada adulta. Ese es otro mérito: no subestima a los niños ni convierte al adulto que los acompaña en un simple espectador secundario.

“El Mago de Oz” es una propuesta familiar, musical y visualmente atractiva, con un muy buen elenco y una puesta que recupera la fantasía del clásico sin perder de vista su corazón. Se presenta en la Sala María Guerrero del Teatro Nacional Cervantes, Libertad 815, CABA, con funciones sábados y domingos a las 14.30, y continuará hasta el 27 de septiembre de 2026. La función tiene una duración aproximada de 80 minutos.

BARREDA

Más de treinta años después, el caso Barreda sigue provocando preguntas. No solamente por la brutalidad del cuádruple femicidio cometido en 1992, sino también por la particular construcción mediática que convirtió durante años a Ricardo Barreda en una especie de personaje popular, mientras las cuatro mujeres asesinadas quedaban relegadas a un segundo plano.

Barreda, la nueva película dirigida por Daniela Goggi, llega a Prime Video con una decisión muy clara: contar esa historia desde otro lugar. La película reconstruye el crimen ocurrido en La Plata, pero evita convertirlo en un espectáculo de morbo y pone especial atención en las vidas y vínculos de las cuatro víctimas. Esa elección atraviesa toda la narración y le da a la propuesta una perspectiva diferente de otras ficciones inspiradas en casos policiales.

La película tiene como figura central a Luis Machín, que interpreta a Ricardo Barreda. El actor compone un personaje inquietante, contenido y de una frialdad que resulta mucho más perturbadora que cualquier exceso. Su trabajo es uno de los grandes puntos fuertes del film y permite reconstruir al hombre detrás de la figura que durante años ocupó titulares.

Pero el verdadero peso del relato está en el elenco femenino. Carla Peterson interpreta a Gladys Mac Donald, esposa de Barreda; Mercedes Morán encarna a Elena Arreche, su suegra; Maite Lanata es Cecilia Barreda, la hija mayor; y Margarita Páez interpreta a Adriana Barreda, la hija menor, en su debut cinematográfico.

Cada una consigue darle identidad propia a personajes que durante mucho tiempo fueron conocidos simplemente como “la esposa”, “la suegra” y “las hijas de Barreda”. En ese sentido, el film logra uno de sus objetivos más importantes: devolverles nombre, personalidad e historia.

Mercedes Morán sobresale particularmente en la construcción de Elena, una mujer cuya imagen pública quedó durante años atrapada en la caricatura de la suegra insoportable que justificaba, para algunos, la violencia posterior. La actriz le devuelve complejidad y humanidad. Peterson, por su parte, construye una Gladys sensible,sumisa y con matices, mientras Lanata y Páez aportan vitalidad y cercanía a Cecilia y Adriana.

Goggi evita además recrear el crimen desde el impacto fácil. La película se interesa más por aquello que lo rodeaba: la dinámica de esa familia, las relaciones de poder, el contexto social y la manera en que la sociedad argentina de los años 90 procesó el caso. La ambientación de época es otro de sus aciertos y ayuda a reconstruir no solamente una casa y una familia, sino también una Argentina atravesada por una mirada muy diferente sobre la violencia de género.

El guion, escrito por Daniela Goggi, Josefina Licitra, Tamara Talesnik, Juan Cavoti y Donna Tefa, combina la reconstrucción de los hechos con el proceso judicial (destaco la labor de Alberto Ajaka y Marcelo Subiotto como abogados de las victimas y de Barreda )y con testimonios que permiten imaginar las vidas que quedaron silenciadas (Paola Barrientos como Pirucha la amiga de Barreda es excelente).

Ahí aparece también una de las discusiones que plantea la película. Aunque busca correrse de la mirada del asesino, algunos análisis señalan que resulta difícil dejarlo completamente afuera porque el caso, por definición, sigue girando alrededor de su figura.

Una película fuerte, cuidada y, sobre todo, necesaria para volver a mirar aquella historia desde una perspectiva distinta. Porque esta vez la pregunta no es solamente qué hizo Barreda, sino quiénes eran las cuatro mujeres cuya historia quedó durante décadas detrás de su nombre.

SOLO POR UNA NOCHE

Una noche. Doce horas. Una ciudad enloquecida. Y dos personas que, entre encuentros, desencuentros y toda clase de situaciones inesperadas, quizás descubran que encontrar el amor puede ser bastante más complicado que simplemente encontrar con quién pasar la noche.

Solo por una noche (One Night Only) es la nueva comedia romántica dirigida por Will Gluck, realizador de Easy A, Amigos con beneficios y Con todos menos contigo. La película vuelve a apostar por uno de los géneros más clásicos de Hollywood, pero lo hace a partir de una premisa bastante particular: en un futuro cercano, un gobierno restrictivo prohibió las relaciones sexuales fuera del matrimonio, salvo durante una única noche al año en la que los solteros tienen permitido dejar de lado esa regla.

En ese contexto aparecen Owen, interpretado por Callum Turner, y Allie, a cargo de Monica Barbaro. Los dos llegan a esa noche con expectativas diferentes, pero coinciden en algo: detrás de la posibilidad de un encuentro pasajero buscan, en realidad, algo más.

El planteo le permite a la película combinar romance, humor y situaciones disparatadas mientras los protagonistas recorren Nueva York intentando encontrarse. La ciudad vuelve a funcionar como un personaje más, aunque la propuesta intenta alejarse de los escenarios más obvios para mostrar una Manhattan nocturna dinámica, colorida y especialmente atractiva.

El principal acierto está en sus protagonistas. Callum Turner y Monica Barbaro tienen química, carisma y una naturalidad que sostiene buena parte de la película. La relación entre Owen y Allie avanza a partir de pequeñas coincidencias, malentendidos y encuentros accidentales, y es allí donde Solo por una noche encuentra su mejor tono.

El humor tampoco busca reinventar el género. La película apuesta por la comedia de enredos, por algunas situaciones absurdas y por personajes secundarios que aparecen para complicar todavía más una noche que, desde el comienzo, estaba destinada a salir mal. Entre los nombres del elenco aparecen además Julia Fox, Molly Ringwald( si si la actriz de The Breakfast Club) , LeVar Burton y King Princess.

Solo por una noche es, una de esas películas ideales para quienes disfrutan de las comedias románticas clásicas, con protagonistas queribles, buenos momentos de humor, una ciudad que siempre suma encanto y una historia que busca, por encima de todo, entretener.

Y en tiempos en los que una buena comedia romántica parece casi un género en extinción, que una película simplemente consiga sacarnos una sonrisa, acompañarnos durante un rato y dejarnos con ganas de que esos dos personajes terminen juntos tampoco es poca cosa.

Ozuna vuelve a la Argentina: todos los detalles de su esperado show en Buenos Aires

Ozuna regresa a la Argentina para reencontrarse con sus fanáticos y celebrar más de una década de éxitos. El artista puertorriqueño se presentará el martes 8 de septiembre a las 21 horas en el Movistar Arena, en el marco de su nueva gira internacional, “Una Aventura World Tour”.

El tour toma su nombre de uno de sus lanzamientos más recientes y propone un recorrido por las distintas etapas de la carrera del cantante, combinando sus nuevas canciones con los grandes hits que lo convirtieron en una de las figuras más importantes de la música urbana latina.

Para el público argentino habrá clásicos infaltables como “Dile que tú me quieres”, “Se Preparó”, “Baila Baila Baila” y “Hey Mor”, además de las canciones de su etapa más reciente y una puesta en escena renovada.

Vuelve el «negrito de ojos claros» y se celebra, y se BAILA!

Con miles de millones de reproducciones y una trayectoria que incluye reconocimientos como los Billboard Latin Music Awards y Latin American Music Awards, Ozuna llega nuevamente a Buenos Aires para repasar una historia musical que ya lleva más de diez años y que continúa sumando nuevos capítulos.

El show será en el Movistar Arena, Humboldt 450, Villa Crespo, el 8 de septiembre a las 21. Las entradas se encuentran disponibles a través de la plataforma oficial del estadio.

LA PROFECIA DEL ALBERGUE

El misterio, el humor negro y el teatro musical se cruzan en una nueva propuesta que promete convertir al público en parte de un juego de sospechas. “La Profecía del Albergue”, un thriller musical con toques de comedia negra y absurdo, llegará a la cartelera porteña desde el jueves 10 de septiembre, con seis únicas funciones en la Sala Picasso del Paseo La Plaza.

Con producción de PHEPANDÚ, la obra está escrita y dirigida por Nicolás Manasseri y cuenta con Fernanda Provenzano en la creación musical y las coreografías. Se trata de una nueva apuesta de la dupla responsable de El Funeral de los Objetos, que vuelve a explorar una estética propia y un universo escénico atravesado por el humor, el absurdo y una particular mirada sobre el teatro musical.

La historia transcurre en un pequeño pueblo de la provincia de Santa Fe, donde un grupo de personas llega a un antiguo y misterioso albergue ubicado junto a un lago escondido. Lo que parecía ser una estadía más se transforma rápidamente en el escenario de una serie de acontecimientos extraños, absurdos y, por momentos, inquietantes.

Inspirada en el clásico género “Whodunnit?”, popularizado por las novelas de misterio y suspenso, la obra propone un juego al estilo “¿quién es el asesino?”, en el que nada es lo que parece y todos pueden convertirse en sospechosos. La particularidad está en que este universo de intriga se desarrolla desde el lenguaje del musical argentino, con humor negro, situaciones disparatadas y canciones que acompañan el avance de la trama.

El elenco está integrado por Renzo Morelli, Fernanda Provenzano, Nicolás Manasseri, Manuela Perín, Eugenia Fernández y Matías Acosta, quienes interpretan a seis personajes que quedan atrapados en este peculiar albergue.

Uno de los atractivos principales de la puesta será la música en vivo, con una banda integrada por piano, violoncello, batería y percusión, bajo la dirección musical de Facundo Cicciu. La música tendrá un rol fundamental no solamente como acompañamiento sino también como parte del clima de misterio y suspenso que propone la historia.

“Un thriller musical, seis sospechosos, una profecía y un asesino entre nosotros” es la premisa que propone el espectáculo, que también deja flotando dos preguntas: ¿acaso el arte del engaño es un arte? ¿Acaso el arte es un engaño?

Las funciones serán desde el jueves 10 de septiembre en la Sala Picasso del Paseo La Plaza, Av. Corrientes 1660, CABA. Las entradas se encuentran a la venta a través de Plateanet.

AMANECE DE NOCHE

“Amanece de noche” se mete de lleno en el territorio de los vínculos familiares: los amores, los secretos, los reproches, las culpas y todo aquello que durante años permanece guardado hasta que llega el momento en que ya no se puede seguir callando.

Escrita por Mechi Bove y dirigida por Pedro Velázquez, la obra reúne a cuatro hermanas en la casa familiar para tomar una decisión que tiene que ver con el futuro de su padre, quien atraviesa un deterioro cognitivo luego de un accidente. Pero la llegada inesperada de una media hermana modifica por completo ese encuentro y hace que aparezcan viejas heridas que estaban lejos de cicatrizar.

Y ahí está uno de los grandes aciertos del texto de Bove: no se queda solamente en la enfermedad del padre. La situación funciona como disparador para hablar de algo mucho más amplio: qué hacemos con nuestros padres cuando los roles empiezan a invertirse, qué lugar ocupa cada hijo dentro de una familia y cuánto de aquello que somos está determinado por la historia que compartimos.

Hay algo muy verdadero en esas cuatro hermanas. Son diferentes, tienen sus propias personalidades, sus problemas y sus maneras de enfrentarse a la vida, pero comparten códigos, recuerdos y heridas. Se quieren, se pelean, se necesitan y también se juzgan. Esa mezcla de amor y resentimiento está muy bien trabajada y permite que el espectador encuentre seguramente algún eco de su propia familia.

Mechi Bove, además de ser la autora, integra el elenco junto a Sheila Saslavsky, Sonia Alemán, Julieta Presutto y Rolo Sosiuk. El trabajo actoral es uno de los puntos fuertes de la puesta: cada personaje tiene su identidad y las diferencias entre ellos enriquecen los enfrentamientos y también los momentos de mayor ternura.

Dentro de un elenco muy parejo, Sonia Alemán se destaca especialmente. Su personaje tiene características que podrían llevar fácilmente a la exageración, pero Alemán encuentra una medida muy precisa y construye una mujer llena de matices. Hay mucho detrás de sus gestos, sus silencios y sus reacciones, y eso hace que su interpretación resulte especialmente conmovedora. También Rolo Sosiuk aporta una presencia muy particular como ese padre alrededor del cual gira buena parte del conflicto.

La dirección de Pedro Velázquez acompaña el texto sin subrayarlo innecesariamente. Hay espacio para el drama, pero también para el humor, algo fundamental para que la obra no se convierta en un relato excesivamente solemne. Las risas aparecen justamente en medio de situaciones dolorosas y hacen que los personajes se sientan todavía más cercanos.

Otro gran acierto es la escenografía de Pablo Calmet. El patio de esa casa familiar, con la hamaca, la vieja calesita, la bomba de agua y otros objetos cotidianos, tiene algo de fotografía de la infancia. Es un espacio que parece guardar los recuerdos de quienes alguna vez fueron niños allí y que ahora regresan convertidos en adultos, cargados de problemas y decisiones.

Y la música de Jorge Soldera suma una sensibilidad especial. Hay momentos musicales que funcionan casi como un refugio dentro de tanta tensión familiar. Una escena en particular, en la que las hermanas comienzan a cantar juntas, tiene una enorme capacidad de emocionar porque consigue mostrar, en pocos minutos, ese vínculo que las une a pesar de todas sus diferencias.

“Amanece de noche” habla también del perdón. De la posibilidad de revisar aquello que nos dolió para intentar construir un vínculo diferente. No plantea soluciones mágicas ni pretende decir que las heridas familiares desaparecen de un día para el otro. Más bien propone algo mucho más humano: quizás podamos empezar a mirarnos de otra manera.

El título tiene además una hermosa dimensión simbólica. Durante esa noche, los personajes sacan a la luz aquello que permanecía oculto. Y cuando finalmente llega el amanecer, queda abierta la posibilidad de que algo pueda empezar nuevamente.

Una obra sensible, cercana y honesta, que encuentra en los vínculos familiares un territorio dramático potente, pero también lleno de humor y ternura. De esas propuestas que pueden hacer reír en una escena y, unos minutos después, dejar al espectador en silencio pensando en su propia historia.

“Amanece de noche” se presenta en el Teatro El Extranjero, Valentín Gómez 3380, CABA, los domingos a las 17.30. Tiene una duración aproximada de 70 minutos.