BUENAS PALABRAS

Buenas Palabras se siente menos como una obra y más como una conversación que alguien muy querido decide tener con nosotros. Y ese alguien es Arturo Puig.

No hay artificios. No los necesita. Hay una silla, textos, recuerdos… y un actor que entiende algo que pocos entienden: que el teatro también puede ser un gesto de cercanía.

Puig no interpreta para impresionar. Está ahí para compartir. Se toma el tiempo de las pausas, deja que el silencio diga lo suyo, y cuando habla, lo hace con esa calidez que atraviesa la cuarta pared sin esfuerzo. Uno siente que no está viendo una función, sino siendo invitado a un espacio íntimo, casi doméstico, donde las palabras pesan porque vienen cargadas de memoria y afecto.

La dirección de Rita Terranova es precisa y respetuosa: ordena sin invadir, acompaña sin subrayar. Todo está puesto al servicio de algo muy simple y muy difícil a la vez: sostener la atención con humanidad.

Durante los 60 minutos no hay sobresaltos ni golpes de efecto. Hay algo más valioso: la sensación de estar frente a un actor que ama profundamente su oficio y respeta al público con una elegancia silenciosa.

Buenas Palabras deja una sensación rara y hermosa al salir: la de haber sido abrazado sin que nadie nos haya tocado. Y eso, en teatro, no pasa todos los días.

En la Sala Cunill Cabanellas del Teatro San Martín (Av. Corrientes 1530) se ofrecerán cinco únicas funciones: miércoles 15, jueves 16, viernes 17, sábado 18 y domingo 19 de abril a las 19.30 horas.

Y en el Cine Teatro El Plata (Av. Juan Bautista Alberdi 5765) habrá cuatro funciones más el sábado 25 y el domingo 26 de abril y el sábado 2 y el domingo 3 de mayo a las 18 horas. 

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