“Teléfono Negro 2” retoma la historia cuatro años después de los hechos ocurridos en la primera película. Finney Blake, ahora de 17 años, intenta dejar atrás el trauma de haber escapado del temido asesino conocido como The Grabber. Sin embargo, su hermana menor Gwen comienza a tener visiones y sueños perturbadores: a través de un viejo teléfono negro, escucha las voces de tres chicos desaparecidos en un campamento invernal llamado Alpine Lake. Decididos a entender lo que sucede, los hermanos viajan al lugar y descubren que el mal no murió, sino que los estaba esperando.
Dirigida nuevamente por Scott Derrickson, la secuela mantiene el tono oscuro y la tensión psicológica que caracterizaron a la original, aunque esta vez amplía el universo sobrenatural con una atmósfera más opresiva y visualmente inquietante. Mason Thames y Madeleine McGraw vuelven a destacarse en sus papeles, mostrando la madurez de los personajes y el vínculo fraternal como centro emocional de la historia. Ethan Hawke, aunque tiene una presencia más contenida, sigue siendo una figura perturbadora que domina la pantalla cada vez que aparece.
La película logra generar momentos de auténtico suspenso y explora los efectos del trauma con cierta sensibilidad, pero por momentos se vuelve demasiado explicativa, intentando dar respuesta a todo lo que en la primera era puro misterio. Aun así, Derrickson consigue mantener el pulso del terror psicológico, evitando caer en el simple susto y apostando más por la angustia y el desasosiego.
Llega al Barrio de San Telmo, a CLUB CASA BLANCA “La Cena Macabra”, un espectáculo inmersivo que promete una noche diferente, donde el público se convierte en testigo y cómplice de historias tan oscuras como cautivantes.
Paulo Kablan Junto a su hijo Facundo protagonizan esta propuesta que combina terror, relato policial, música en vivo, actuación y ambientación. La cita es el viernes 17 de octubre a las 21 horas, con apertura de sala desde las 20, en un espacio que se transformará por completo para sumergir a los espectadores en un clima de misterio.
En escena, un elenco de artistas da vida a los relatos más escalofriantes de Buenos Aires, esos casos que aún hoy erizan la piel: Rocío Giordano (La Soprano), Santiago Sirur (El Tenor), Loli Ruiz y Cecilia Lindner (Espíritus), con coreografía de Agostina Caute y maquillaje de Floren Ferro. La dirección está a cargo de Rey Alcaraz y la producción general de Hernán “Alky” Alcaraz.
“Queríamos que el público sienta lo que nosotros sentimos al contar una historia policial. El miedo, la adrenalina y esa curiosidad por saber qué hay detrás de cada caso”, adelanta Paulo Kablan sobre esta nueva faceta que lo vincula con el arte escénico.
La Cena Macabra invita a vivir una velada distinta, donde cada sonido, cada voz y cada mirada del elenco forman parte de una trama que se va revelando entre luces, sombras y sensaciones.
Una propuesta no apta para miedosos, pero ideal para los que se animan a experimentar algo nuevo y dejarse llevar por el suspenso.
📅 Viernes 17 de octubre, 21 hs
Lugar : Club CasaBlanca Balcarce 668 San Telmo 🕯️ Apertura de sala: 20 hs 🎭 Una experiencia inmersiva creada por Paulo y Facundo Kablan
En Viuda e hijas, el humor y las verdades familiares se mezclan con encanto. La historia comienza con la lectura de un testamento que desata una serie de confesiones, enredos y emociones entre una viuda y sus dos hijas. Lo que parece una comedia ligera termina siendo un retrato agudo de los vínculos, las herencias afectivas y los secretos que cada familia esconde.
El elenco es un lujo: Nora Cárpena y María Valenzuela brillan con oficio y carisma, aportando humor y emoción en dosis justas. Sofía Gala Castiglione y María Fernanda Callejón completan el cuadro con frescura y naturalidad, generando una dinámica fluida y entretenida. La breve aparición de Gonzalo Urtizberea suma un toque de ironía perfecta.
La dirección de Héctor Díaz es precisa y sensible, maneja los ritmos con acierto y deja espacio para que cada personaje respire y se luzca . La escenografía de Lula Rojo y la iluminación de Matías Sendón construyen un ambiente cálido, elegante y lleno de pequeños detalles que acompañan el tono de la historia.
Viuda e hijas es una comedia con corazón, que hace reír, emociona y deja esa sensación amable de haber visto algo cercano, reconocible y muy bien hecho. Vayan a verla
Autor: Alfonso Paso Jr.
Intérpretes: Nora Cárpena, María Valenzuela. Sofía Gala Castiglione, María Fernanda Callejón, Gonzalo Urtizberea.
Vestuario: Romina Giangreco.
Escenografía: Lula Rojo
Iluminación: Matías Sendón.
Dirección: Héctor Díaz.
Sala: Multitabarís, Corrientes 831. Funciones: miércoles a viernes a las 19.30, sábados a las 20 y 22, domingos a las 20. Duración: 80 minutos
“La noche sin mí”, ópera prima de María Laura Berch y Laura Chiabrando, es una de esas películas pequeñas y silenciosas que logran resonar mucho después de los títulos finales. Protagonizada por Natalia Oreiro, la historia se adentra en la intimidad de una mujer que, tras un hecho inesperado, experimenta una transformación profunda, casi imperceptible en lo externo pero decisiva en lo interno.
Berch y Chiabrando, con una sensibilidad notable, construyen un relato íntimo, sostenido por los gestos, los silencios y las miradas. No hay grandilocuencia ni explicaciones innecesarias: el film apuesta por una narrativa sutil, introspectiva, donde la cámara acompaña a su protagonista en ese tránsito emocional, entre el desconcierto y la aceptación.
Natalia Oreiro entrega una de sus mejores interpretaciones en cine sin duda. Alejada del histrionismo y de cualquier artificio, compone a Eva con una contención admirable. Su rostro,su mirada, su forma de habitar el silencio, transmiten el peso de una transformación que no necesita palabras. Es una actuación madura, introspectiva y profundamente humana.
El elenco que la acompaña —Pablo Cura, Matilde Creimer Chiabrando y Teo Inama Chiabrando— sostiene con naturalidad el tono de realismo emocional que propone el film. La dirección de Berch y Chiabrando se apoya en una mirada femenina lúcida, que observa lo doméstico y lo cotidiano, rutinario, como territorios donde lo extraordinario puede suceder sin estridencias.
“La noche sin mí” es una película íntima, delicada y profundamente sensorial, que se atreve a hablar del cambio, del dolor y de la resiliencia desde un lugar de quietud. Una obra que confirma el talento de sus realizadoras debutantes y que encuentra en Natalia Oreiro una intérprete en estado de gracia.
Casi medio siglo después de que el universo digital de Tron irrumpiera en las pantallas con su estética revolucionaria, Tron: Ares llega como la tercera entrega de una saga que se niega a quedar atrapada en el pasado. Dirigida y protagonizada por Jared Leto junto a Greta Lee, Evan Peters y Gillian Anderson— ofrece un viaje vibrante entre lo real y lo virtual, entre la emoción nostálgica y el vértigo tecnológico.
La película retoma la esencia del clásico de 1982 y de Tron: Legacy (2010), pero la reconfigura a la luz de los debates actuales sobre inteligencia artificial y humanidad. Ares, el protagonista, es un programa de IA que logra salir del mundo digital para tener contacto con los humanos, y en ese cruce se desatan interrogantes sobre la identidad, la conciencia y el poder de la creación. Sin embargo, aunque los temas son fascinantes, el guion de Jesse Wigutow se queda en la superficie: apenas roza la profundidad filosófica que promete y se pierde en la velocidad de su propio ritmo.
Lo que Tron: Ares no logra en sustancia, lo compensa con estilo. El diseño de producción es una auténtica joya visual: los entornos luminosos, los trajes relucientes, las motocicletas de luz y las icónicas naves Recognizer vuelven con un nivel de detalle que deslumbra. La fotografía de Jeff Cronenweth es impecable y encuentra un equilibrio entre el neón digital y una fisicalidad más tangible, gracias a la inclusión de efectos prácticos y escenarios reales que otorgan peso y textura a la acción.
Uno de los grandes aciertos de esta entrega es su banda sonora, firmada por Nine Inch Nails. El dúo Trent Reznor y Atticus Ross construye una experiencia sonora hipnótica que no solo acompaña sino que potencia cada secuencia.
El elenco cumple con lo que la propuesta exige. Jared Leto imprime a su Ares una mezcla de curiosidad y ambigüedad, mientras que Greta Lee aporta humanidad en medio del caos digital. Jeff Bridges, en un breve pero significativo regreso, es el guiño que toda saga necesita para reconciliar pasado y presente.
La película cae en algunos excesos. La acción es constante abruma y mucho, el ruido ensordece y el espectador apenas tiene tiempo de respirar o conectar emocionalmente con los personajes. Tron: Ares parece más interesada en impresionar que en conmover. Su dependencia del legado, los guiños a los fans y el “fan service” visual terminan por eclipsar una posible evolución narrativa.
Tron: Ares es una aventura espectacular y sensorial, una experiencia que vale la pena vivir en pantalla grande, donde el sonido y la luz adquieren su máxima potencia.
“Queridísimo Truman” es un retrato íntimo, elegante y sensible de un personaje tan fascinante como controvertido. Gabriel Oliveri encarna —sin imitar, pero sí con profunda devoción— el espíritu de Truman Capote, ese escritor norteamericano que hizo del ingenio y la provocación su marca registrada.
La puesta, sobria y refinada, acierta al recrear el universo capotiano sin caer en excesos. Cada elemento del espacio escénico dialoga con la personalidad del autor de A sangre fría: hay sofisticación, ironía y una melancolía subyacente que envuelve la escena. El vestuario, de impecable diseño, contribuye a esa atmósfera de lujo y decadencia, con detalles que evocan tanto la elegancia de los años dorados de Nueva York como la excentricidad de su protagonista.
Gabriel Oliveri ofrece una interpretación cálida y cargada de matices. Su relato tiene, emoción y humor; se convierte en cronista y en testigo, en admirador y en espejo de Capote. Lo acompañan muy bien Sergio Grimblat y Cristóbal Barcesat, quienes aportan su talento vocal instrumental y actoral, y le ponen su impronta personal a cada personaje que interpretan. Juntos construyen un entramado escénico que fluye entre la biografía y la emoción, la música y la palabra.
La dirección musical y los arreglos se integran con sutileza, permitiendo que las canciones sean una prolongación del texto y no un mero acompañamiento. La iluminación y el diseño escenográfico completan una puesta visualmente atractiva, donde cada detalle refuerza el retrato de un artista que vivió entre el brillo y la soledad.
Una propuesta refinada, sensible y emotiva, ideal para quienes aman el teatro bien hecho y las historias que laten más allá del escenario.
Bella
El éxito del Teatro San Martín, llega a Paseo La Plaza, con 14 únicas funciones en la sala Pablo Neruda.
FUNCIONES:
Enero: Sábados 10 y 17 (20 h) | Domingos 11 y 18 (19.30 h) | Domingo 25 (21.15 h).
Febrero: Domingos 1, 8, 15 y 22 (21.15 h).
Marzo: Domingos 1, 8, 15, 22 y 29 (21.15 h).
TEATRO: Paseo La Plaza, Sala Pablo Neruda (Av. Corrientes 1660)
“Next To Normal Immersive” llegó a Buenos Aires para desafiar los límites del teatro y lo hace con una fuerza arrolladora. En el CAI (Centro Audiovisual Inmersivo) en el barrio de Colegiales, el público ya no se sienta a mirar: vive la historia. La adaptación del clásico musical de Broadway —creada por Brian Yorkey y Tom Kitt y repensada por el argentino Pablo del Campo— propone una vivencia sensorial total, donde las emociones se amplifican entre proyecciones 360°, sonido envolvente y una cercanía física con los intérpretes que borra las fronteras entre ficción y realidad.
La obra mantiene el corazón de su relato: la familia Goodman y la lucha interna de Diana, una madre que batalla contra el dolor, los recuerdos y los tratamientos psiquiátricos que la alejan de sí misma. Pero aquí, el público literalmente se sumerge en su mente, en ese laberinto emocional que la tecnología y la dirección potencian hasta el extremo.
El elenco es, sin dudas, uno de los grandes atractivos. Volver a ver a Alice Ripley, ganadora del Tony por este mismo papel, y a J. Robert Spencer, nominado por su interpretación en Broadway, es un lujo absoluto. Ambos demuestran que el paso del tiempo no ha hecho más que afinar su talento: Ripley conmueve con una entrega visceral, y Spencer construye un contrapunto lleno de humanidad y vulnerabilidad. A ellos se suma la participación virtual de Adam Pascal, el recordado protagonista de Rent, que desde una pantalla encarna al psiquiatra de Diana, un detalle que actualiza el discurso sobre la salud mental y le da un aire contemporáneo.
Pero lo que realmente emociona al público local es la participación de los tres jóvenes argentinos que completan el elenco: Ema Giménez Zapiola, Axel Munton y Valentín Zaninelli. Ema, en su primera experiencia profesional, deslumbra por su naturalidad y entrega; su voz y presencia escénica logran sostener el nivel de un elenco internacional. Munton y Zaninelli, por su parte, imprimen verdad y frescura a sus personajes, logrando una química perfecta con los protagonistas originales. La conexión que se genera entre todos es tan auténtica que parece que convivieran en escena desde hace años.
El resultado es una propuesta artística sólida, conmovedora y, sobre todo, innovadora. No se trata solo de ver teatro: se trata de sentirlo desde adentro, de vivirlo con todos los sentidos. Creo que es una excelente oportunidad para ver algo diferente, y para el fandom de este musical vayan si o si, he visto llantos varios y cantos varios tambien.
Autores: Brian Yorkey y Tom Kitt.
Idea y concepto: Pablo del Campo.
Intérpretes: Alice Ripley, J. Robert Spencer, Ema Giménez Zapiola, Valentín Zaninelli, Axel Munton.
Participación especial: Adam Pascal.
Vestuario: La Polilla.
Iluminación: Ariel Ponce.
Sonido: Alejandro Zambrano, Gastón Briski.
Visuales: Deslince.
Dirección musical: Tomas Mayer Wolff.
Dirección general: Simon Pittman.
Dirección asociada: Mela Lenoir.
Sala: Centro Audiovisual Inmersivo (CAI), Jorge Newbery 3039. Funciones: viernes y sábados a las 20 y 22; domingos a las 18 y 20. Duración: 60 minutos.
Paul Thomas Anderson vuelve a demostrar por qué es uno de los directores más influyentes del cine contemporáneo.
Con Una batalla tras otra, escrita, dirigida y producida por él mismo, entrega una obra compleja, visceral, capaz de llevar al espectador desde la sátira más afilada hasta la emoción más desgarradora.
La película se centra en Bob, interpretado por un extraordinario Leonardo DiCaprio, que construye un personaje en carne viva: un revolucionario que supo hacer historia,ahora atrapado en la paranoia de las drogas, obligado a enfrentarse a los fantasmas de su pasado cuando su hija desaparece. DiCaprio ofrece una de sus actuaciones más intensas y vulnerables, que podría colocarlo nuevamente en la carrera hacia el Oscar.
Sean Penn, en la piel del «justiciero» némesis que regresa tras dieciséis años, despliega un papel oscuro y magnético, mientras que Benicio del Toro aporta su habitual intensidad interpretando al instructor de karate que ayuda a los inmigrantes mexicanos en eeuu . Pero la verdadera revelación es Chase Infiniti como Willa: su energía y frescura logran equilibrar el dramatismo de la historia, aportando un aire renovador . Regina Hall y Teyana Taylor completan el elenco con interpretaciones sólidas que sostienen la trama desde la emoción y la fuerza de sus personajes.
El guion de Anderson combina crítica social, violencia y sátira, pero nunca pierde de vista el vínculo íntimo entre padre e hija,que lleva a Di Caprio a momentos emotivos La puesta en escena es buena, con una fotografía que oscila entre el realismo descarnado y la belleza casi pictórica, un sello característico del cineasta.
Una batalla tras otra es una de esas películas que marcan época: ambiciosa, conmovedora y visualmente deslumbrante. Todo indica que estamos ante una seria contendiente de la temporada de premios, con DiCaprio, Penn y Anderson en el centro de las conversaciones rumbo al Oscar. Sera asi? Veremos.
El próximo 28 de septiembre, en Espacio Callejón, se presenta por única vez “Tus buenas chauchas”, una obra escrita por Dalia Elnecavé bajo la direccion de David Masajnik, pone en escena a una mujer común y corriente atravesada por lo extraordinario de sus emociones: la soledad, el desamor y esa necesidad casi desesperada de ser vista y amada.
En escena, Victoria Arrabaça encarna a Olga, una mujer que cocina para olvidar y relata para perdonar. Su vida transcurre entre la soledad y la espera, marcada por un amor imposible hacia un actor televisivo, Omar, que se convierte en obsesión y motor de una fantasía interminable. La promesa de un encuentro que nunca llega la hunde en una espera perpetua, mientras la cocina funciona como refugio y como metáfora.
El texto de Elnecavé logra entrelazar lo cotidiano con lo poético: la cocina como metáfora de una vida en hervor constante, la arveja como símbolo de lo pequeño, lo invisible, lo que queda perdido entre muchas otras. El espectador empatiza con Olga en su vulnerabilidad, en ese sentirse “una más en la lata”, invisible pero con un deseo ardiente de destacar y de ser amada.
La actuación de Arrabaça es cercana, con bellos matices que logran que Olga se despliegue ante el público como alguien en quien es fácil reconocerse. La escenografía y el vestuario de Débora Teplitzki aportan simpleza y funcionalidad, dejando que la atención se concentre en la fuerza de la palabra y el cuerpo en escena.
En apenas 50 minutos, “Tus buenas chauchas” muestra la vulnerabilidad de Olga (que podes ser vos) y se transforma en espejo de tantas soledades y deseos no resueltos. Una obra pequeña en duración, pero enorme en sensibilidad.
Con un teatro colmado de amigos, artistas, familia y prensa se estreno “Las Hijas” una de esas obras que nos recuerdan por qué el teatro puede ser tan conmovedor, tan cercano y tan necesario. La dramaturga Ariadna Asturzzi construye un texto afilado y sensible que se sumerge en un tema universal: el momento en que los hijos deben enfrentarse a la fragilidad de sus padres. La historia reúne a tres hermanas muy diferentes en torno a la enfermedad de su madre, una jueza prestigiosa que supo dominar siempre cada espacio de su vida, pero que ahora comienza a perder esa fuerza. En el reencuentro, entre risas, reproches y recuerdos cruzados, ellas descubren que cada una conoció a una madre distinta, y que el mayor desafío es aceptar que esa mujer ya no es la misma.
El trío protagónico es impecable. Julieta Díaz deslumbra con su naturalidad y potencia interpretativa como la hermana del medio ; Soledad Villamil aporta una elegancia y un manejo vocal que elevan cada línea de texto de la obra (la hermana mayor); y Pilar Gamboa brilla con frescura, magnetismo y un ritmo que enciende la escena (la menor). Juntas logran un ensamble actoral de altísimo nivel, donde los momentos corales son tan intensos como los monólogos individuales que arrancan aplausos y emoción.
El debut de Adrián Suar como director es una grata sorpresa: su puesta es ágil, dinámica, sabe jugar con el vértigo de la comedia y detenerse en los silencios cuando la emoción lo pide. Maneja el timing con precisión y consigue que el público transite sin respiro por un abanico de sentimientos.
El texto de Asturzzi equilibra con gran oficio el drama y el humor. No hay golpes bajos, sí verdad y humanidad en cada escena, con la capacidad de hacer reír y emocionar casi al mismo tiempo. Un plus lo aporta la escenografía de Mariana Tirantte, que crea un espacio realista y lleno de detalles para cada uno de los momentos, ideal para que los personajes se muevan y para que la acción respire con naturalidad.
Con producción de Adrián Suar y Preludio, “Las Hijas” es una propuesta sólida, emotiva y entretenida. Cumple su objetivo (tal vez le saco unos minutitos pero no hace mella)Es de esas obras que hacen reflexionar sobre el vínculo con los afectos, la memoria y la familia, pero sin perder la chispa de la comedia. Una experiencia teatral que no se olvida fácilmente.
Autora: Ariadna Asturzzi.
Dirección: Adrián Suar.
Intérpretes: Julieta Díaz, Soledad Villamil y Pilar Gamboa.
Escenografía: Mariana Tirante.
Vestuario: Sofía Di Nunzio.
Iluminación: Matías Sendón.
Sala: Maipo (Esmeralda 443). Funciones: jueves, a las 20; viernes, 20.30; sábados, a las 20 y 22 y domingos, 19.30 hs. Duración: 80 minutos.