LA NOCHE DOS VECES

Hay obras que hablan de Malvinas desde el campo de batalla. Y hay otras —muy pocas— que se animan a hablar de lo que pasó en las casas. Eso es lo que propone Mora Monteleone en La noche dos veces: correrse del uniforme, del relato bélico clásico, y meterse en la intimidad donde la guerra también dejó marcas… aunque nadie las nombre.

En esta pieza, la guerra no entra con botas. Entra como silencio. Como secreto. Como algo que no se dice y que, por eso mismo, termina explotando.

La obra transcurre en dos madrugadas de tormenta separadas por diez años: abril de 1982 y abril de 1992. En la primera, tres jóvenes de veinte años —Eloísa, Gabriel y Sergio— vuelven de un festejo mientras el país entra en guerra. En la segunda, una década después, Eloísa recibe a Julia, una amiga con la que no habla desde aquella noche. Y ahí aparece el gran hallazgo dramatúrgico: ambas noches avanzan en simultáneo, como si los relámpagos de una cayeran sobre la otra.

El efecto es casi de thriller emocional. El espectador va armando el rompecabezas sin que nadie se lo explique. Y cuando finalmente todo encaja, duele.

Lo que propone Monteleone es brillante: mostrar la ajenidad con la que gran parte de la sociedad vivió Malvinas. Como si hubiera sido “algo que les pasó a otros”. Esa distancia, ese mirar desde afuera, se convierte en el corazón dramático de la obra. Porque lo que no se asume, se enquista. Y diez años después, estalla.

El elenco sostiene con enorme precisión ese clima cargado de tensión y secretos:
Yanina Gruden, Martina Zalazar, Tom CL, Federico Pezet y Rosa Rivoira construyen personajes muy humanos, muy reconocibles, que parecen estar siempre a punto de decir algo que nunca terminan de decir. Y ahí está la angustia.

La puesta acompaña con inteligencia esa atmósfera opresiva. La escenografía de Micaela Sleigh y el diseño lumínico de Matías Sendón generan un espacio casi laberíntico donde el adentro y el afuera se confunden, como si la tormenta también estuviera ocurriendo dentro de los personajes. El diseño sonoro de Gustavo García Mendy es clave para sostener ese suspenso constante. Solo un detalle, entiendo que el clima y la epoca requiere de ciertos «modismos» pero el cigarrillo no siempre genera un buen clima, he visto gente que se pone pañuelos en la nariz porque le incomoda.

La noche dos veces no es una obra sobre la guerra. Es una obra sobre lo que pasa cuando un país decide seguir como si nada hubiera pasado.Y eso la vuelve profundamente conmovedora.


📍 Dónde y cuándo

En Espacio Callejón (Humahuaca 3759, CABA)
Miércoles – 20:30 h
Duración: 85 minutos
Entradas por Alternativa Teatral y en boletería


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