MOANA

Disney vuelve a apostar por uno de sus mayores éxitos de la última década con la versión live action de «Moana», una película que mantiene intacto el espíritu de la historia original de 2016.

La historia sigue siendo la misma: Moana, una joven destinada a convertirse en líder de su pueblo, emprende un viaje para restaurar el corazón de Te Fiti y devolver el equilibrio a la naturaleza. En el camino volverá a cruzarse con el carismático semidiós Maui, interpretado nuevamente por Dwayne Johnson, quien retoma uno de los personajes más queridos de Disney.

Gran acierto la elección de Catherine Laga’aia como Moana. La joven actriz transmite la valentía, la sensibilidad y la determinación que hicieron del personaje un ícono para toda una generación. Su presencia en pantalla sostiene gran parte de la película y logra conectar rápidamente con el público.

Visualmente, la producción es impactante. Los paisajes oceánicos, los efectos especiales y la recreación de la cultura polinesia ofrecen imágenes de enorme belleza, acompañadas por una banda sonora que conserva las canciones que hicieron inolvidable a la versión animada, con composiciones de Lin-Manuel Miranda, Opetaia Foa’i y Mark Mancina.

Sin embargo, donde la película encuentra su mayor debilidad es justamente en aquello que muchos críticos señalaron desde su estreno: la sensación de estar viendo una copia casi escena por escena de la original. Medios internacionales coincidieron en que el film aporta poco material nuevo y que cuesta justificar su existencia más allá del atractivo comercial del formato live action. Mientras algunas publicaciones valoraron la fidelidad al clásico, otras la calificaron como una remake innecesaria por su escasa capacidad para sorprender.

En lo personal, también sentí que la película se hace un poco larga, especialmente considerando que está dirigida principalmente al público infantil. Con casi dos horas de duración, hay momentos en los que el relato pierde dinamismo y puede poner a prueba la atención de los más chicos. Un ritmo más ágil probablemente habría beneficiado la experiencia sin afectar la esencia de la historia.

Aun así, la película mantiene valores muy positivos: habla del coraje, de descubrir la propia identidad, de respetar las raíces culturales y de cuidar la naturaleza, mensajes que siguen teniendo plena vigencia y que continúan emocionando.

«Moana» funciona como una entretenida aventura familiar, con un gran despliegue visual, buenas interpretaciones y canciones que siguen siendo tan pegadizas como hace diez años. Ofrece un espectáculo correcto para quienes quieran volver a navegar junto a Moana y Maui, especialmente si es la primera vez que descubren esta historia.

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