PEPITA LA PISTOLERA

Luisana Lopilato se mete en la piel de Margarita Di Tullio, la mujer que se convirtió en una de las figuras más controvertidas y recordadas de la noche marplatense, en Pepita, la pistolera, el regreso de Lucía Puenzo al cine y una película que encuentra en el thriller, el policial y el true crime distintas herramientas para contar una historia atravesada por la violencia, el poder y la supervivencia.

La película se sitúa en Mar del Plata, en 1985, y reconstruye un período de la vida de Margarita, una trabajadora sexual embarazada que intenta abrirse camino en un ambiente dominado por hombres, mafias, prostitución, corrupción policial y complicidades. A medida que avanza la historia, esa mujer que intenta defenderse y proteger a otras compañeras comienza a construir el personaje que terminará convirtiéndose en Pepita.

Uno de los grandes aciertos de la película es que no intenta convertir a Margarita en una heroína ni tampoco en una villana. Puenzo se mete en sus contradicciones y deja que el espectador vaya descubriendo sus decisiones, sus zonas oscuras y también las razones que la llevaron a convertirse en quien fue. Esa mirada sobre los claroscuros de la protagonista es uno de los aspectos que también destacaron varias de las críticas publicadas tras su estreno.

Y hay algo que le da a la película una identidad especial: haber sido filmada en Mar del Plata. La ciudad no funciona solamente como escenario. El puerto, las calles, la noche y ese paisaje marplatense de los años 80 construyen el universo en el que se mueve Margarita. El resultado es una reconstrucción de época convincente, que permite entrar en un mundo áspero y peligroso.

La gran sorpresa es Luisana Lopilato. No estamos viendo a la Luisana que conocemos de la televisión y de tantas películas: aparece una mujer más dura, vulnerable, calculadora, impulsiva y con una enorme capacidad para sobrevivir. Su trabajo sostiene la película y demuestra, una vez más, que Lopilato tiene mucho más para ofrecer como actriz de lo que muchas veces se le reconoce.

Lucía Puenzo vuelve a demostrar que sabe trabajar con personajes femeninos complejos. Después de películas como XXY, El niño pez y Wakolda, la directora encuentra en Pepita una figura ideal para regresar a la pantalla grande. Y lo hace sin bajar línea de manera evidente: cuenta, observa y deja espacio para que el espectador juzgue —o no— a su protagonista.

Pero otro de los puntos fuertes es el elenco. Claudio Tolcachir, Alberto Ajaka, Charo López, Marcelo Subiotto, Camila Peralta, Esteban Bigliardi y Gustavo Bassani acompañan a Lopilato con actuaciones sólidas y personajes que enriquecen ese universo. Particularmente interesantes son los vínculos entre las mujeres, las alianzas y las relaciones de poder que se van construyendo alrededor de Margarita.

La película además cambia de registro a medida que avanza. Comienza más contenida e introspectiva, después se transforma en un relato de negociaciones, poder y crimen, y finalmente se acerca decididamente al true crime. Esa mezcla de géneros puede generar algunos desniveles, algo señalado también por otras críticas, pero al mismo tiempo es lo que le permite a Puenzo escapar de la biopic convencional.

Una película para ver en el cine y descubrir a una mujer que tal vez no conocemos a traves de una LUisana diferente. Recomendada

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