Una actuación de enorme intensidad, una dirección precisa de Dennis Smith y una mirada sin concesiones sobre la maternidad, el instinto y los mandatos sociales. Oxitocina (Inés y los perros) es una experiencia teatral que sacude las certezas y pone al espectador frente a sus propios prejuicios.
¿Qué se espera de una madre? ¿Existe una única manera de amar a un hijo? ¿Qué sucede cuando una mujer no responde a ese modelo de maternidad que la sociedad considera natural e incuestionable? Dennis Smith toma estas preguntas y las lleva a escena con una propuesta tan audaz como incómoda, sostenida por una gran actuación de Florencia Raggi.
La historia comienza con un hecho estremecedor: Inés, una mujer cuya hija de tres años desaparece, toma una decisión desconcertante. En lugar de sumarse a la búsqueda, regresa a su casa, se acuesta a dormir la siesta y se ocupa de su perrita Pupe y su cria. Una reacción que rompe con todo lo que esperamos de una madre y que abre la puerta a un universo de contradicciones, culpas, mandatos y emociones difíciles de nombrar.
Pero Oxitocina no busca juzgar a su protagonista ni ofrecer respuestas tranquilizadoras. Su mayor virtud está en animarse a explorar los grises, esos territorios humanos que muchas veces preferimos evitar porque nos enfrentan con preguntas para las que no tenemos respuestas cómodas.
Florencia Raggi se entrega por completo a un personaje complejo y desafiante. En su primer unipersonal, la actriz despliega una enorme energía, un notable dominio corporal y una intensidad interpretativa que sostiene los 55 minutos de función. Su trabajo exige concentración, ritmo y una capacidad expresiva que le permite transitar diferentes estados emocionales sin perder la conexión con el espectador.
Raggi construye a Inés desde sus contradicciones, su ironía, su aparente frialdad y esa distancia afectiva que parece protegerla de un mundo con el que no termina de conectar. La actriz no busca hacer simpático a su personaje ni suavizar sus comportamientos. Por el contrario, se anima a exponer sus zonas más cuestionables y a dejar que la humanidad aparezca, precisamente, allí donde menos la esperamos.
La dirección de Dennis Smith es otro de los grandes aciertos. Con una puesta despojada, que concentra la atención en la actriz y en la potencia del texto, construye un recorrido que avanza sin perder intensidad. Smith no subraya ni explica aquello que la obra propone. Confía en la inteligencia del público y lo invita a atravesar una experiencia que puede resultar perturbadora. El humor aparece, sí, pero lejos de funcionar como alivio permanente, genera risas incómodas, de esas que enseguida nos hacen preguntarnos por qué nos reímos. La incomodidad no es un efecto secundario: forma parte esencial de la propuesta.
También resulta significativa la presencia de los perros y su vínculo con la maternidad. Ese contrapunto amplía la mirada y pone en tensión lo biológico, lo afectivo y las expectativas culturales. ¿Cuánto hay de instinto y cuánto de construcción social en aquello que consideramos amor materno? La obra no pretende resolver el interrogante, sino abrirlo y dejarlo resonando.
Oxitocina es una obra que se anima a correr los límites de lo aceptable, con una dirección certera de Dennis Smith y una Florencia Raggi en un momento de enorme lucimiento. Teatro que incomoda, cuestiona y encuentra en la potencia de una gran actriz su mejor forma de expresión.
FICHA ARTÍSTICA
- Obra: Oxitocina (Inés y los perros)
- Dramaturgia, dirección y música original: Dennis Smith
- Actriz: Florencia Raggi
- Escenografía: Julia Freid y Florencia Tutusaus
- Iluminación: Adrián Grimozzi
- Vestuario: Pablo Ramírez
- Supervisión de movimientos: Laura Waisman
- Sala: Cunill Cabanellas, Teatro San Martín
- Dirección: Avenida Corrientes 1530, CABA
- Duración: 55 minutos
Funciones: jueves a domingos, a las 19.30. Consultar la cartelera oficial para confirmar las funciones disponibles.
