Con guion de Mechi Bove y dirección de Marcelo Caballero, El chat de mamis se asienta como una de las propuestas más frescas de la cartelera porteña al plantear con humor las tensiones cotidianas que se viven en los grupos de WhatsApp escolares: reclamos, malentendidos, alianzas inesperadas y egos desatados que devienen en un caos hilarante en escena.
Todo comienza cuando convocan a los padres de 5 chicos ya que le rompen el disfraz a la «nena nueva» del cole.
Lo primero que te golpea es cómo la puesta logra transformar un fenómeno tan digital y abstracto como un chat en una experiencia teatral plenamente física. La escenografía —con la plausible colaboración de Lula Rojo— carga con la tarea de traducir mensajes, diálogos paralelos y silencios incómodos a un lenguaje escénico claro, y lo hace sin perder ritmo.
Vestuario y color juegan un papel clave en esta traducción: cada personaje está marcado por un carácter cromático distintivo que no solo ayuda a la identificación rápida del espectador, sino que además subraya las dinámicas y estereotipos que se desmontan (o se exageran) durante la función. El trabajo de La Polilla en vestuario acompaña de manera eficiente: desde tonos intensos para madres hiperactivas hasta paletas más sobrias en personajes calmados, el vestuario funciona como una extensión del guion, reforzando perfiles psicológicos e impulsando la lectura visual del conflicto.
La iluminación, por su parte, merece un párrafo aparte. Si bien no suele aparecer en la mayoría de las reseñas de prensa, el diseño lumínico acompaña al caos de manera muy eficaz: transiciones rápidas, focos que resaltan miradas y silencios cargados, y una función del espacio que evita que el ritmo se estanque. En momentos en los que el diálogo se vuelve febril y casi fragmentado, la luz administra la atención del público y sostiene la tensión cómica.
El elenco —incluyendo a Manuela Pal, Mica Riera, Carla Conte, Berenice Gandullo y Lionel Arostegui— sostiene el equilibrio coral que propone la dramaturgia; la obra es un ensamblaje donde cada voz contribuye a un coro que oscila entre el disparate y la empatía.
Pero quiero destacar a dos de las protagonistas : Eugenia Tobal se mete de lleno en Becky la superficial y ansiosa mama. Su lectura es precisa: sabe cuándo forzar el gesto y cuándo bajar la intensidad para dejar que el conflicto hable por sí mismo. Me gusto. Y mencion de honor para Karina Hernández, en el papel de la seño Naty: ofrece una interpretación histriónica, casi caricaturezca, pero con un registro muy definido que equilibra lo pedagógico con lo visceral. La sutileza de su humor y su presencia serena contribuyen a que la obra no se vuelva un mero sainete, sino que tenga momentos de reflexión silenciosa.
La dirección de Caballero permite que, más allá de la risa, haya un espacio para reconocerse y pensar en cómo nos vinculamos —o nos desencontramos— en la vida real.
El chat de mamis es más que una comedia sobre grupos de WhatsApp: es una radiografía social que utiliza con inteligencia los recursos del teatro —vestuario, iluminación, actuación y ritmo— para convertir algo tan contemporáneo en un espejo inesperado. Quienes vayan pensando que encontrarán solo risas, terminarán también con ganas de repensar sus propias dinámicas de comunicación cotidiana.
Título: El chat de mamis, una comedia en el cole
Dónde: Teatro Multitabaris — Av. Corrientes 831
Cuándo: Funciones de jueves a domingos, 20:00 hs.
Dirección: Marcelo Caballero
Libro: Mechi Bove
Elenco:
Eugenia Tobal
Carla Conte
Manuela Pal
Mica Riera
Karina Hernández
Berenice Gandullo
Lionel Arostegui
