Marina Castillo vuelve a demostrar que el humor puede ser mucho más que una sucesión de chistes. En “Curuza, una historia a flor de piel”, su nuevo unipersonal, hace reír —y mucho—, pero también consigue emocionar y tocar lugares bastante más profundos.
Y algo me queda claro después de verla: Marina se supera con cada nuevo espectáculo. Hay crecimiento, madurez y una mayor seguridad para manejar los tiempos de la comedia, pero también para animarse a entrar en zonas sensibles sin perder nunca su identidad.
La protagonista es María, una mujer que vive literalmente “brotada”. Una alergia persistente se convierte en el punto de partida para preguntarse qué hay detrás de ese síntoma y cuánto de nuestra historia familiar puede terminar escrito en el cuerpo. La piel funciona entonces como cáscara, escudo y también como un mapa que guarda aquello que muchas veces no sabemos —o no podemos— poner en palabras.
En ese camino, María comienza a revisar su historia, sus vínculos y especialmente aquello que viene de las mujeres de su familia. Aparecen médicos, terapias, recuerdos, personajes insólitos y hasta las «harinas» (que genialidad) en una búsqueda tan disparatada como reconocible por encontrar una explicación —y, sobre todo, una cura— para aquello que le pasa.
Y ahí está uno de los puntos que quiero destacar de Curuza: hablar de traumas familiares, mandatos, culpas y heridas heredadas sin ponerse solemne. Ellla utiliza el humor como puerta de entrada y logra que situaciones que podrían resultar dolorosas se vuelvan cercanas, divertidas y profundamente humanas.
Marina está sola en escena, pero parece estar acompañada por un elenco entero. Construye distintos personajes, cambia registros y voces y se mueve entre ellos con una enorme naturalidad. Su timing para la comedia está cada vez más afinado y tiene algo fundamental para este tipo de propuestas: una conexión inmediata con el público. La obra despliega siete personajes interpretados por ella misma, confirmando además su enorme versatilidad.
Curuza es graciosa y, al mismo tiempo, entrañable. Uno se ríe de las situaciones, de los personajes y hasta de ciertas miserias cotidianas, pero lentamente descubre que debajo de todo eso hay una mujer tratando de entender de dónde viene, qué carga lleva encima y qué cosas necesita soltar.Esa combinación también aparece en la reacción del público: quienes ya la vimos sabemos que te va a hacer reír, pensar y emocionar casi al mismo tiempo.
La dramaturgia pertenece a Marina Castillo y Guido Zappacosta, con dirección de Guadalupe Bervih y la voz en off de Alicia Staif. La puesta acompaña sin quitarle protagonismo a lo esencial: el cuerpo, la gestualidad y la capacidad interpretativa de Castillo.
Después de verla en otros trabajos, siento que Marina Castillo encontró en Curuza un nuevo escalón como actriz y creadora. Conserva ese humor tan personal que la caracteriza, pero ahora se permite ir más lejos.
Seguramente cuando salgas del teatro te vas a encontrar pensando en tus propias marcas, en esas historias familiares que llevamos encima aunque nadie pueda verlas. Bravo Marina!
CURUZA – Una historia a flor de piel
Con Marina Castillo
Dramaturgia: Marina Castillo y Guido Zappacosta
Dirección: Guadalupe Bervih
📍 NÜN Teatro Bar – Juan Ramírez de Velasco 419, Villa Crespo, CABA
🗓️ Viernes – 20:30 hs
⏱️ Duración aproximada: 60 minutos
📅 Funciones anunciadas hasta el 27 de noviembre de 2026.
