HEDWIG Y LA PULGADA FURIOSA: Nacho Pérez Cortés, una actuación consagratoria al ritmo del rock

El espectáculo empieza antes de que se enciendan las luces y se convierte en una experiencia que trasciende el escenario. Con músicos en vivo, una estética arrolladora y una interpretación descomunal de Nacho Pérez Cortés, este musical de culto encuentra en Maquinal una versión potente, provocadora y profundamente humana.

La propuesta de Hedwig y la pulgada furiosa invita a dejarse llevar por una experiencia que combina teatro, rock, identidad y rebeldía, con una ambientación que ya anticipa que lo que está por suceder no será una función convencional.

Pelucas, televisores, objetos vinculados con el universo de la obra y detalles que dialogan con sus canciones forman parte de una atmósfera que rompe con la distancia tradicional entre el público y el espectáculo. Todo está pensado para que el mundo de Hedwig comience a desplegarse antes de que aparezca su protagonista y continúe, incluso, después de los aplausos. La experiencia tiene espíritu de recital, energía de fiesta y una identidad visual que acompaña el carácter irreverente de la propuesta.

En ese clima irrumpe Hedwig, una cantante de glam rock nacida en Alemania Oriental, cuya historia está atravesada por el desarraigo, la transformación, el amor y la búsqueda de una identidad propia. Su recorrido personal está marcado por una operación fallida de reasignación sexual y por la relación con Tommy Gnosis, un músico al que ama y que termina convirtiéndose en una figura central de su historia. A su lado está Yitzhak, su compañero de vida y de escenario, en un vínculo atravesado por tensiones, dependencias y deseos que también reclaman su lugar.

Pero reducir esta obra a la historia de una cantante trans sería quedarse en la superficie. Hedwig habla de la necesidad de sentirse completa, de las heridas que dejan los vínculos, de la construcción de la propia identidad y de esa búsqueda, a veces desesperada, de alguien que nos confirme quiénes somos. El rock es el vehículo ideal para contar ese recorrido: visceral, provocador, explosivo y, por momentos, profundamente vulnerable.

Nacho Pérez Cortés protagoniza una actuación consagratoria. Su transformación en Hedwig es extraordinaria y no se limita al maquillaje, el vestuario o la construcción física del personaje. Hay un trabajo minucioso en la voz, los movimientos, los gestos, las miradas,su vestuario, su maquillaje y la manera de ocupar el escenario. Cada recurso está al servicio de una criatura escénica magnética, desbordada, filosa y, al mismo tiempo, llena de fragilidades.

Pérez Cortés maneja con enorme solvencia los cambios de registro: puede provocar una carcajada, incomodar con una observación mordaz y, casi sin transición, dejar al descubierto la vulnerabilidad de alguien que carga con demasiadas heridas. Su vínculo con el público es fundamental. Hedwig interpela, seduce, provoca y juega con quienes tiene enfrente, pero detrás de esa personalidad arrolladora aparece una historia que necesita ser contada y, sobre todo, escuchada.

Y cuando canta, el espectáculo alcanza otra dimensión. La interpretación musical no funciona como un intervalo entre escenas, sino como una parte esencial del relato. En cada canción se revela algo más del personaje: su furia, su deseo, sus frustraciones y esa necesidad de encontrar un lugar propio en el mundo.

Lo de Nacho es mucho más que una composición vistosa. Es una interpretación de gran entrega y complejidad, en la que el virtuosismo escénico nunca pierde de vista la humanidad del personaje. Su Hedwig tiene personalidad, humor, potencia y una sensibilidad que termina de darle profundidad a una figura que podría quedarse fácilmente en el exceso. Pérez Cortés se apropia del escenario y sostiene la intensidad de principio a fin. Un trabajo que merece ser destacado entre los grandes desafíos interpretativos de esta temporada.

Gastón Urtubey, como Yitzhak, aporta un buen contrapunto . Su presencia suma matices a una historia en la que el amor, el poder y la necesidad de liberarse se entrecruzan constantemente.

Otro de los grandes protagonistas es la música en vivo. La banda sobre el escenario le imprime al espectáculo una potencia genuina, con el sonido del rock como motor dramático.

La adaptación de Julio Panno y Rocío Noziglia encuentra un equilibrio entre la irreverencia del material original, el humor provocador de Hedwig y los momentos en los que el relato deja ver su costado más doloroso.

También merece destacarse el universo visual, con el estilismo de Franco Kuma La Pietra como pieza importante en la construcción de los personajes. La estética glam, el vestuario y el maquillaje no son adornos: forman parte de esa identidad que Hedwig construye, desafía y transforma frente a nuestros ojos.

Me fui de Hedwig y la Pulgada Furiosa con la sensación de haber asistido a algo más que un musical. Es una propuesta que te recibe, te envuelve y te invita a formar parte de su universo; que encuentra en el rock una forma de expresión y en el teatro un espacio para hablar de la libertad, el deseo y la aceptación.

Hedwig no pide permiso: irrumpe, sacude y deja su marca. Realmente merece verla. Chequea entradas porque agota siempre

FICHA ARTÍSTICA

  • Espectáculo: Hedwig y la Pulgada Furiosa
  • Protagonistas: Nacho Pérez Cortés (Hedwig) y Gastón Urtubey (Yitzhak).
  • Adaptación: Julio Panno y Rocío Noziglia.
  • Dirección: Julio Panno y Rocío Noziglia.
  • Producción: MAYKA.
  • Estilismo: Franco Kuma La Pietra.
  • Teatro: Maquinal Centro Cultural.
  • Dirección: Anchorena 364, Ciudad Autónoma de Buenos Aires.

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